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domingo, 18 de diciembre de 2016



Ella que ya no sabe contar historias de otros y se amarra a la soledad con adición narcótica.
Sabe qué es mirar a unos ojos y quedarse colgada. Sabe qué es que la tocan como si fuera de otro planeta y parar por no hacer trizas un corazón.
Ella que odia y ama a partes iguales; que se entrega y rechaza en un juego de cobardía y placer: porque no es maldad lo jura, es que le divierte el juego.
Y así espera de nuevo mientras teme que le digan que no pueden separarse de su olor: que se ha quedado impregnado en sus muñecas, que huele a su esencia y es, incluso más adictivo que sus besos. Porque en el fondo, la chica que sólo quiere que la abracen a veces también anhela que la quieran de verdad, aunque sea solo unos segundos. Lo suficiente para que ella no pierda el equilibrio: ya ha sufrido demasiado vértigo toda su vida.

lunes, 12 de diciembre de 2016

He dejado la inspiración en una de esas mentiras que consiguieron romperme, he perdido el rumbo de la espontaneidad y, por primera vez, pienso más que siento: supongo que es por si vuelvo a hacerme pedazos o por si olvido como se construye la soledad para que sea bonita: puede, que me haya enamorado un poco de ella. 
He huido de abrazos que me preguntaban porqué no dejaba quererme. 
He sido ave fénix y quimera. He deseado hacer y he abandonado la impulsividad: porque lo mismo quiero de más, porque quizá rompo corduras. 
Hoy he vuelto a soñarte: como tantas veces desde siempre. Será que Oniria no abandona, a pesar de todo.