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domingo, 6 de noviembre de 2016


Hay personas destinadas a encontrarse, destinadas a matar las reglas y jugarse a la ruleta rusa su suerte. Personas que comienzan las veladas sin formalismos y mirándose a los ojos, como siempre; incomunicados del mundo porque este asfixia y porque es más importante vislumbrar nuevos detalles del alma que tienes en frente.

El romano es una escusa para comenzar la locura. Esa que vive ya con ellos desde el principio, zarandeando con casualidades nuevos episodios; a cuál más mágico. Al sonido de un piano prueban unos labios que nunca saben demasiado dulces mientras se confiesan historias que serían bonitas desde un balcón de Madrid al sonido de un caballo rojo. Él sabe como hacer precioso lo cotidiano, ellos saben bañar de bohemia la capital.

El frío no congela las ganas y nunca es tarde para bailar a Hendrix cerca de Montera; como esos locos que viven deprisa porque la vida se pasa y te roba aquello que has dejado de lado ¡Ya dormiremos cuando muramos!
Hay quienes piensan a la par mientras les mueve el rock and roll como les hubiera gustado a Thurman y Travolta, los grandes mitos siguen viviendo. Cargados de ginebra deciden que Madrid nunca muere, y se acompañan entre besos a los bares secretos esquina con el desengaño allí donde comienzan a arder los cuerpos, tanto que da igual quien esté, quienes sean, quien les mire porque matarían deseos en esa misma mesa.

Son las noches de los lazos eternos. De quienes nunca ponen frenos si es a manos de la locura. Son las noches donde quedan cubiertos los recuerdos hasta la próxima vez.

El resultado de la adicción a una piel.