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jueves, 27 de octubre de 2016


Valentina está hecha de sus lunares, de sus caricias, de los muchos adiós que se regalan para volver a verse después: como los idiotas que no saben vivir tan lejos. Que tampoco saben vivir tan cerca. 

Está hecha de los sueños que les regala, de las veces que le devora entre delirios mientras sus dedos juguetones se imaginan que está cerca y él no lo sabe porque se debaten entre silencios; porque dicen que es más sano, porque es lo que tiene que ser.
 
Está hecha Valentina de lo malo que le dijeron, de todo lo que le engañaron. 
Frágil y fuerte; luciérnaga parpadeando en  la delgada línea que baila entre no quererla lo suficiente, o quererla demasiado: tanto que no sepan abrazarla fuerte, por si la rompen, por si se rompen

Quizá un día la musa se canse de serlo, quizá un día solo la recuerden entre copas de ginebra o al calor de un hogar que aburre de tanta costumbre. Quizá un día sueñen con ella y con las ganas que tienen de amanecer a su lado, de hacerle el amor como si mañana no hubiese más mundo. 
Quizá un día Valentina se convierta en lo que tanto anhelaron: copas de nostalgia y pieles que no sudan su perfume, crónica de un siempre te echaré de menos.

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