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viernes, 12 de agosto de 2016


Me sienta bien el silencio. Me sientan bien las alas. 
Me sienta bien mirar desde la soledad y saber que puedo lograrlo; aunque me despierten de madrugada un lunes. Aunque tiemble, llore y reclame socorro sin pedir permiso, pero es difícil entenderme; comprender lo que escondo entre mis líneas y las miradas con las que chillo cosas que mi garganta no me deja pronunciar. Digamos que me gusta tocar almas, hacerlo para siempre: sellarlas y que me marquen.
Madrid, tan chillona, tan rebelde y tan joven. Yo, un alma rara que carga con huracanes hoy se queda en ese rincón marinero a lidiar con tanto alma y regalarse más de un alarido de placer. 

Libertad, tú si que eres bonita.

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