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lunes, 29 de agosto de 2016



La delgada línea que separa mis latidos de tus mentiras, de los sueños rotos que perdimos a base de balazos. Cumbres roídas de tanta delicadeza, de la inocencia que viaja libre atada a su consciencia.
Musa de quimeras, diosa de nadie.
Se buscan besos que curen tanto arañazo, no se me da bien lamer heridas. Ya no se me da bien nada.
Probablemente tarde en curar inseguridades: las abandonadas a la suerte de corazones que no supieron mimarme. Entonces me recojo en la última planta de un piso castizo, mientras acaricio heridas que nunca sanan. Sola, mientras de cara al mundo hago que sonrío, igual que siempre.
A veces cuesta cargar con tanta sensibilidad. No os culpo. A veces ni yo misma puedo.

martes, 23 de agosto de 2016


Nadie va a llamar a mi puerta; no van a gritarme que les abra porque yo no pido que lo hagan. Ni siquiera ahora que estoy derruida. Ya nunca lo hago. 

Es que no quiero que vengan y luego decidan que pueden romperme, que ya se han cansado. Porque no quiero caridad, quiero locura. 
Quizá por eso en momentos como hoy pediría que corriesen a la ultima planta de la calle que hace esquina con el desengaño, que me curasen las heridas y los recuerdos que he perdido; que me mirasen como si fuese arte hasta teniendo los ojos encharcados en lágrimas, así: como ahora. Porque lo necesito, porque estoy triste. 

La realidad es que no puedo llamar a nadie. No tengo forma de expresarme, de soltar las tristezas y sin embargo, mi inocencia todavía espera sentada en ese balcón; porque quizá un desconocido me vea llorando y decida que quiere darme un abrazo de los que dan dolor de huesos y matan las penas.

Quizá, quizá, quizá...

Y así se me pasa la vida mientras espero tanto sueño mal intencionado, tantas ganas de salvarme cuando me convierto en naufragio. Tantas ganas de nadie, de ti, de él.

Aún así querido tú, si crees que puedes salvarme te espero en el rincón al que cantan las sirenas. En el número que dicen que da mala suerte. Desde ahí verás mi tristeza y yo escucharé tu llamada; recuerda que aunque me den miedo los te quieros todavía guardo kilos de romanticismo. Supongo que hasta el próximo abrazo, por lo menos hasta el último



viernes, 12 de agosto de 2016


Me sienta bien el silencio. Me sientan bien las alas. 
Me sienta bien mirar desde la soledad y saber que puedo lograrlo; aunque me despierten de madrugada un lunes. Aunque tiemble, llore y reclame socorro sin pedir permiso, pero es difícil entenderme; comprender lo que escondo entre mis líneas y las miradas con las que chillo cosas que mi garganta no me deja pronunciar. Digamos que me gusta tocar almas, hacerlo para siempre: sellarlas y que me marquen.
Madrid, tan chillona, tan rebelde y tan joven. Yo, un alma rara que carga con huracanes hoy se queda en ese rincón marinero a lidiar con tanto alma y regalarse más de un alarido de placer. 

Libertad, tú si que eres bonita.