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domingo, 10 de julio de 2016


Hace un año todavía andaba envuelta en mil inseguridades. Por dentro era añicos "¡Venga ya! Tú no eres insegura, eso no puede ser verdad". Nos cuesta demasiado darle la espalda a las apariencias...

Yo era un lastre de muchos miedos, de inseguridades que roían mi puesta en escena, mis sueños a medias. Sigo siéndolo, me cuesta horrores, pero un día comencé a dar pasos y todo ha cambiado de color y tengo días malos: días muy malos. Es por culpa del desvío de las princesas, pero así es. También es que últimamente no me niego a nada, he decidido comerme el mundo y creo que a veces me atraganto. 

Los pasos los doy yo sola y da miedo; quizá mucho más miedo que si alguien te recuerda constantemente que eres capaz y puedes hacerlo. 
Más de un día he necesitado un abrazo, dormir pegada al lado de un alma que reconfortará mis miedos. Más de un día me he perdido y no he sabido si llamar a su puerta, porque aunque me haga la fuerte soy frágil y todavía me cuesta no besar mis impulsos: pero debo seguir caminando. Algo me lo dice por dentro.
Una vez escuché algo a cerca de la capacidad de ser feliz de manera individual, que cuando lo logras rozas la plenitud o algo así. No sé; yo con mis días malos y con los buenos me siento mejor que nunca. Si tenía miedo lloraba y después, me lanzaba al vacío porque era necesario hacerlo. Si creía que no podía hacerlo recogía mis inseguridades y me decidía a hacer cosas que hace meses serían impensables para mi. Cuando cumplo una meta enseguida sumo otra. 
Y ahora, ahora ando acojonada porque me lanzo sola a un continente nuevo. Una experiencia corta pero intensa que he deseado hacer toda la vida. Y todavía a veces necesito un abrazo largo, de los que calman para siempre; pero debo seguir volando porque quizá si me caigo ya nunca más sea capaz de coger impulso.