Follow by Email

sábado, 21 de mayo de 2016


Por casualidad abro las páginas de Ray Bradbury y le devoro; entonces sé que, de nuevo, esa serie de artilugios no son producto del azar y que puede que sea necesario dejarme seducir. La trilogía distópica no hace más que recordarme que los sueños están para fabricarlos; como el hecho de pensar(te) de vez en cuando, para luego ratificar el miedo que ambos sentimos a cruzar las piernas, o abrirlas demasiado. 
Hoy tengo un poco de esa misantropía que tanto admiraba de mi maldito cabrón; de ese Bukowski que podría ser tachado de machista por aquellos que no supieron rascar en su alma ni en sus miedos. 
Esta noche se la regalo a mis letras evadidas del mundo al ras de una copa de vino; se la regalo a mis cicatrices que de vez en cuando todavía me regalan sueños con mensajes que sigo sin comprender, con besos y anti-despedidas, heridas que de vez en cuando siguen sangrando alimentando las líneas más bonitas de mi inspiración. Totalmente desquiciadas, sin sentido y con mucho sentimiento.
Soy un cardiograma, un torbellino, una puta locura, pero a estas alturas no voy a cambiar. Es más, no quiero. Si te pienso, quizá tiemble, y quizá tú: como un seísmo, lo percibas y me la devuelvas. Y así para siempre, hasta que tanto corazón reviente; supongo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario