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sábado, 21 de mayo de 2016


Por casualidad abro las páginas de Ray Bradbury y le devoro; entonces sé que, de nuevo, esa serie de artilugios no son producto del azar y que puede que sea necesario dejarme seducir. La trilogía distópica no hace más que recordarme que los sueños están para fabricarlos; como el hecho de pensar(te) de vez en cuando, para luego ratificar el miedo que ambos sentimos a cruzar las piernas, o abrirlas demasiado. 
Hoy tengo un poco de esa misantropía que tanto admiraba de mi maldito cabrón; de ese Bukowski que podría ser tachado de machista por aquellos que no supieron rascar en su alma ni en sus miedos. 
Esta noche se la regalo a mis letras evadidas del mundo al ras de una copa de vino; se la regalo a mis cicatrices que de vez en cuando todavía me regalan sueños con mensajes que sigo sin comprender, con besos y anti-despedidas, heridas que de vez en cuando siguen sangrando alimentando las líneas más bonitas de mi inspiración. Totalmente desquiciadas, sin sentido y con mucho sentimiento.
Soy un cardiograma, un torbellino, una puta locura, pero a estas alturas no voy a cambiar. Es más, no quiero. Si te pienso, quizá tiemble, y quizá tú: como un seísmo, lo percibas y me la devuelvas. Y así para siempre, hasta que tanto corazón reviente; supongo.

sábado, 7 de mayo de 2016



Eres mi locura, mi profunda adicción. Eres la maldita tortura que aniquila mi racionalidad.
Eres la pesadilla capaz de matar mis sueños más profundos.
Mi pensamiento a kilómetros de espacio, lustro de un tiempo que parece no borrarte.
Eres la mierda que me acosa en mis noches románticas.
La jaqueca que me acosa en mis días de resaca, cuando no hay nadie cerca y decido pensarte; porque sí, porque me apeteces o porque te presentas, como a veces haces. Maldita casualidad la que lleva tu nombre.

Eres el delirio que a veces me recuerda que estoy vivo. Eres mi sueño a medias. Mi gran esperanza.
Eres mi tragicomedia, mis ganas de follarte; la piel que más ansío.
Eres mi droga preferida, el sonido que recuerdo alimentando mis ganas de encontrarte de nuevo.
Eres esencia y veneno.
Pero eres tú, y ninguna otra lleva tus iniciales, ni tu olor, ni tu voz ni tu alma.
A veces apareces, otra te esfumas por una temporada. A veces te escondo tras otra piel, pero luego siempre eres tú: Mi dulce eternidad.