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martes, 9 de febrero de 2016



Decía Valentina que, a pesar de las noches en vela, de las historias a medias, del dolor... Que a pesar de todo y con todo, alguien que te ha regalado la felicidad y te ha hecho visitar el infierno. Alguien capaz de crear ese recuerdo: en una bañera, alejados del mundo; mientras él le cepillaba una melena hasta la cintura, desenredando su pelo y, también, su alma. Alguien que ya conocía de sobra sus lunares y el recorrido de sus curvas. 
Ese que conoce sus mejores defectos y sus peores virtudes. Aquel con el que compartió escenas de película que ambos idealizaban mientras escuchaban wild thing en aquel paraíso bañado de pobreza y pasión. Ese alguien que después del tiempo, del todo y del nada provoca al azar para que os encontréis de nuevo. Esa distancia que quedo derruida escuchando a Russian Red aquel tres de Marzo donde se decidió delimitar los errores para volver a idealizar su historia. Esa distancia que existe porque se temen y se corrompe porque el tiempo juntos compensa las heridas más profundas. Cuando él la busca, y ella se deja. El instante en el que se fugan al refugio, mientras se sonríe como si no hubiera existido el tiempo. Ella tiembla y se deja ser, al menos por un rato. 

La abraza, la besa como si jamás hubiera pasado nada. Busca los pliegues de su piel y la sonríe como si se parara el tiempo; y después, después de todo le dice: "Y nosotros entonces, hemos quedado para mirarnos".

Entonces Valentina se cerciora de que, jamás abrirá su corazón si no son capaces de provocar eso. Lo tiene muy claro.

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