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lunes, 4 de enero de 2016



He soñado con delirios que no me pertenecían, he cargado mil heridas rasgando un alma que, a veces, pesa toneladas de hastío.

La idiosincrasia de mi unicidad que, sin embargo, vive reprimida por miedo a que no guste la esencia. He sido el ínfimo y el supremo de una curva de dolor y vida que me acompaña en la aventura desde hace 28 inviernos. Experimento sonrisas del pasado con sus recuerdos, y he decidido perdonar el pasado; entender que no siempre se es suficiente para alguien, ni siquiera para una misma.

En mis días he conseguido el resurgir de cenizas que dejan cicatrices perennes y que, sin embargo, siguen desprendiendo las sonrisas más sinceras y el temblar de unas piernas que, ya, no se emocionan fácilmente.

Soy frágil y conozco la fortaleza, bailo en los vaivenes de mi falta de cordura y estoy dispuesta a desnudar mis miedos por abrazar mis sueños. Creo que se existe cuando nos reconocemos frente al espejo; la fidelidad de nuestra propia entidad.

El 2016 será bonito, porque lo plasmaré de belleza, de toda la que me queda por dar y de todo lo bonito que me rodea. La oscuridad de acontecimientos pasados sólo será la luz de divinidades futuras. Confiar en mi misma por encima de todo. Tinta, locura, aprendizaje y cultura.

Valentina nos queda mucho por recorrer. Buen viaje.

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