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domingo, 18 de diciembre de 2016



Ella que ya no sabe contar historias de otros y se amarra a la soledad con adición narcótica.
Sabe qué es mirar a unos ojos y quedarse colgada. Sabe qué es que la tocan como si fuera de otro planeta y parar por no hacer trizas un corazón.
Ella que odia y ama a partes iguales; que se entrega y rechaza en un juego de cobardía y placer: porque no es maldad lo jura, es que le divierte el juego.
Y así espera de nuevo mientras teme que le digan que no pueden separarse de su olor: que se ha quedado impregnado en sus muñecas, que huele a su esencia y es, incluso más adictivo que sus besos. Porque en el fondo, la chica que sólo quiere que la abracen a veces también anhela que la quieran de verdad, aunque sea solo unos segundos. Lo suficiente para que ella no pierda el equilibrio: ya ha sufrido demasiado vértigo toda su vida.

lunes, 12 de diciembre de 2016

He dejado la inspiración en una de esas mentiras que consiguieron romperme, he perdido el rumbo de la espontaneidad y, por primera vez, pienso más que siento: supongo que es por si vuelvo a hacerme pedazos o por si olvido como se construye la soledad para que sea bonita: puede, que me haya enamorado un poco de ella. 
He huido de abrazos que me preguntaban porqué no dejaba quererme. 
He sido ave fénix y quimera. He deseado hacer y he abandonado la impulsividad: porque lo mismo quiero de más, porque quizá rompo corduras. 
Hoy he vuelto a soñarte: como tantas veces desde siempre. Será que Oniria no abandona, a pesar de todo.

domingo, 6 de noviembre de 2016


Hay personas destinadas a encontrarse, destinadas a matar las reglas y jugarse a la ruleta rusa su suerte. Personas que comienzan las veladas sin formalismos y mirándose a los ojos, como siempre; incomunicados del mundo porque este asfixia y porque es más importante vislumbrar nuevos detalles del alma que tienes en frente.

El romano es una escusa para comenzar la locura. Esa que vive ya con ellos desde el principio, zarandeando con casualidades nuevos episodios; a cuál más mágico. Al sonido de un piano prueban unos labios que nunca saben demasiado dulces mientras se confiesan historias que serían bonitas desde un balcón de Madrid al sonido de un caballo rojo. Él sabe como hacer precioso lo cotidiano, ellos saben bañar de bohemia la capital.

El frío no congela las ganas y nunca es tarde para bailar a Hendrix cerca de Montera; como esos locos que viven deprisa porque la vida se pasa y te roba aquello que has dejado de lado ¡Ya dormiremos cuando muramos!
Hay quienes piensan a la par mientras les mueve el rock and roll como les hubiera gustado a Thurman y Travolta, los grandes mitos siguen viviendo. Cargados de ginebra deciden que Madrid nunca muere, y se acompañan entre besos a los bares secretos esquina con el desengaño allí donde comienzan a arder los cuerpos, tanto que da igual quien esté, quienes sean, quien les mire porque matarían deseos en esa misma mesa.

Son las noches de los lazos eternos. De quienes nunca ponen frenos si es a manos de la locura. Son las noches donde quedan cubiertos los recuerdos hasta la próxima vez.

El resultado de la adicción a una piel.

jueves, 27 de octubre de 2016


Valentina está hecha de sus lunares, de sus caricias, de los muchos adiós que se regalan para volver a verse después: como los idiotas que no saben vivir tan lejos. Que tampoco saben vivir tan cerca. 

Está hecha de los sueños que les regala, de las veces que le devora entre delirios mientras sus dedos juguetones se imaginan que está cerca y él no lo sabe porque se debaten entre silencios; porque dicen que es más sano, porque es lo que tiene que ser.
 
Está hecha Valentina de lo malo que le dijeron, de todo lo que le engañaron. 
Frágil y fuerte; luciérnaga parpadeando en  la delgada línea que baila entre no quererla lo suficiente, o quererla demasiado: tanto que no sepan abrazarla fuerte, por si la rompen, por si se rompen

Quizá un día la musa se canse de serlo, quizá un día solo la recuerden entre copas de ginebra o al calor de un hogar que aburre de tanta costumbre. Quizá un día sueñen con ella y con las ganas que tienen de amanecer a su lado, de hacerle el amor como si mañana no hubiese más mundo. 
Quizá un día Valentina se convierta en lo que tanto anhelaron: copas de nostalgia y pieles que no sudan su perfume, crónica de un siempre te echaré de menos.

jueves, 6 de octubre de 2016




A Dulce le gusta el café a primera hora de la mañana y los abrazos con sabor a sexo a última hora de la tarde. Vive de día entre libros y sueños; de noche entre desesperanzas y ginebra: porque ella tiene un estomago fuerte: como su corazón.

La curvatura ascendente de su sonrisa guarda con astucia más de un secreto y el relieve de sus dedos el dibujo de la espalda que le ha robado la fe. 
Con la precisión de un cartógrafo es capaz de averiguar la exactitud de las proporciones que guardan sus huellas dactilares. Inmortal al relieve de otros cuerpos; casi de manera infiel a sus propios deseos. Inmune a las atenciones y cariños de otras almas hambrientas de sus ganas; tantas y ella sólo quiere una. Proclive a satirizar la tortura de esos abrazos; esos que se convirtieron en polvo al ruido de su huida. 
Ese amor que encerró sus recuerdos y le enfermó de delirios al hilar de una juventud que ya le parece algo más que agonizante. Los halagos y sus deseos reconfortan, pero no cura memorias que parecen irrepetibles.

Así que en la oscuridad de sus propios secretos lame cada uno de sus dedos; como si de esta manera pudiera besar la espalda de su pecado mientras pule la silueta de su vientre dominando con sus huellas el mapa pecaminoso de aquel hombre, asimilando que el compás de sus orgasmos es originado por el alma de él mientras esparce sus ansias al ritmo de otra vida, de su vida.

domingo, 25 de septiembre de 2016



Parece que hayan pasado meses desde aquella mañana en la que me temblaban las piernas de camino al aeropuerto, me temblaban las ganas y el miedo al que había decidido enfrentarme a pesar de muchas de mis taras. Por fin me lanzaba a uno de mis vacíos sin ningún tipo de salvavidas, la soledad sería mi más fiel aliado, el peor de mis enemigos y, sin embargo, me pudieron las ganas: ya he perdido demasiado por no haber sido más valiente.

África huele a especias, a mar, huele a nostalgia; la nostalgia de los recuerdos bonitos que no saben si existieron porque sus distancias rezuman demasiado sudor, sangre y hambre. África te revuelve las vísceras porque nunca la pobreza generó un contraste tan dispar y de tanta belleza, tan bonito como las sonrisas de sus gentes, tan doloroso como la suciedad de sus manos, de sus calles. La miseria que se baña de alegría por la necesidad de ser felices.

Cuando vives entre sus gentes; cuando conoces sus tristezas y te paseas entre el olor agonizante de la escasez, ellos te regalan toneladas de vida al sonreír como jamás he visto hacerlo a ningún Occidental, entonces me pregunto cuánto nos falta por aprender teniéndolo todo. Quizá sea ese el problema: tenemos tanto que perdemos la esencia y almas irreemplazables y entonces rodeados de opulencia nos preguntamos porque somos tan tristes.

Durante unas semanas no he disfrutado de lujos y creo que he vivido la experiencia más enriquecedora y rica de mi vida, he parloteado con niños y reído a su lado mientras me regalaban dulzura mirando al objetivo, he visto un partido de fútbol en una chabola, he recorrido la selva en tro tro y curioseado ropas usadas a una niña que se probaba trapitos con la ilusión de quien nunca tiene demasiada ropa nueva.

Ahora, rodeada de pulcritud, de artilugios no necesarios, de personas que viven deprisa echo de menos el aroma peculiar que te regala África cuando la acaricias por primera vez; y sabéis lo que me devuelve, me devuelve infinitamente más de lo que yo le he dado y no puedo dejar de sentirme egoísta por ello.

lunes, 29 de agosto de 2016



La delgada línea que separa mis latidos de tus mentiras, de los sueños rotos que perdimos a base de balazos. Cumbres roídas de tanta delicadeza, de la inocencia que viaja libre atada a su consciencia.
Musa de quimeras, diosa de nadie.
Se buscan besos que curen tanto arañazo, no se me da bien lamer heridas. Ya no se me da bien nada.
Probablemente tarde en curar inseguridades: las abandonadas a la suerte de corazones que no supieron mimarme. Entonces me recojo en la última planta de un piso castizo, mientras acaricio heridas que nunca sanan. Sola, mientras de cara al mundo hago que sonrío, igual que siempre.
A veces cuesta cargar con tanta sensibilidad. No os culpo. A veces ni yo misma puedo.

martes, 23 de agosto de 2016


Nadie va a llamar a mi puerta; no van a gritarme que les abra porque yo no pido que lo hagan. Ni siquiera ahora que estoy derruida. Ya nunca lo hago. 

Es que no quiero que vengan y luego decidan que pueden romperme, que ya se han cansado. Porque no quiero caridad, quiero locura. 
Quizá por eso en momentos como hoy pediría que corriesen a la ultima planta de la calle que hace esquina con el desengaño, que me curasen las heridas y los recuerdos que he perdido; que me mirasen como si fuese arte hasta teniendo los ojos encharcados en lágrimas, así: como ahora. Porque lo necesito, porque estoy triste. 

La realidad es que no puedo llamar a nadie. No tengo forma de expresarme, de soltar las tristezas y sin embargo, mi inocencia todavía espera sentada en ese balcón; porque quizá un desconocido me vea llorando y decida que quiere darme un abrazo de los que dan dolor de huesos y matan las penas.

Quizá, quizá, quizá...

Y así se me pasa la vida mientras espero tanto sueño mal intencionado, tantas ganas de salvarme cuando me convierto en naufragio. Tantas ganas de nadie, de ti, de él.

Aún así querido tú, si crees que puedes salvarme te espero en el rincón al que cantan las sirenas. En el número que dicen que da mala suerte. Desde ahí verás mi tristeza y yo escucharé tu llamada; recuerda que aunque me den miedo los te quieros todavía guardo kilos de romanticismo. Supongo que hasta el próximo abrazo, por lo menos hasta el último



viernes, 12 de agosto de 2016


Me sienta bien el silencio. Me sientan bien las alas. 
Me sienta bien mirar desde la soledad y saber que puedo lograrlo; aunque me despierten de madrugada un lunes. Aunque tiemble, llore y reclame socorro sin pedir permiso, pero es difícil entenderme; comprender lo que escondo entre mis líneas y las miradas con las que chillo cosas que mi garganta no me deja pronunciar. Digamos que me gusta tocar almas, hacerlo para siempre: sellarlas y que me marquen.
Madrid, tan chillona, tan rebelde y tan joven. Yo, un alma rara que carga con huracanes hoy se queda en ese rincón marinero a lidiar con tanto alma y regalarse más de un alarido de placer. 

Libertad, tú si que eres bonita.

domingo, 10 de julio de 2016


Hace un año todavía andaba envuelta en mil inseguridades. Por dentro era añicos "¡Venga ya! Tú no eres insegura, eso no puede ser verdad". Nos cuesta demasiado darle la espalda a las apariencias...

Yo era un lastre de muchos miedos, de inseguridades que roían mi puesta en escena, mis sueños a medias. Sigo siéndolo, me cuesta horrores, pero un día comencé a dar pasos y todo ha cambiado de color y tengo días malos: días muy malos. Es por culpa del desvío de las princesas, pero así es. También es que últimamente no me niego a nada, he decidido comerme el mundo y creo que a veces me atraganto. 

Los pasos los doy yo sola y da miedo; quizá mucho más miedo que si alguien te recuerda constantemente que eres capaz y puedes hacerlo. 
Más de un día he necesitado un abrazo, dormir pegada al lado de un alma que reconfortará mis miedos. Más de un día me he perdido y no he sabido si llamar a su puerta, porque aunque me haga la fuerte soy frágil y todavía me cuesta no besar mis impulsos: pero debo seguir caminando. Algo me lo dice por dentro.
Una vez escuché algo a cerca de la capacidad de ser feliz de manera individual, que cuando lo logras rozas la plenitud o algo así. No sé; yo con mis días malos y con los buenos me siento mejor que nunca. Si tenía miedo lloraba y después, me lanzaba al vacío porque era necesario hacerlo. Si creía que no podía hacerlo recogía mis inseguridades y me decidía a hacer cosas que hace meses serían impensables para mi. Cuando cumplo una meta enseguida sumo otra. 
Y ahora, ahora ando acojonada porque me lanzo sola a un continente nuevo. Una experiencia corta pero intensa que he deseado hacer toda la vida. Y todavía a veces necesito un abrazo largo, de los que calman para siempre; pero debo seguir volando porque quizá si me caigo ya nunca más sea capaz de coger impulso.



sábado, 18 de junio de 2016

El desvío de las princesas


Hay días que te despiertas vacío. Con un montón de miedos que ni siquiera conoces. Con un montón de un todo que te tiene derruida; como sin fuerzas. Creo que huiría si pudiera, creo que borraría mis huellas y volvería algún día, quizá.
En estos días soy pequeña, mucho. Me pregunto entonces de dónde nacen algunos de esos huracanes que me hacen volar tan alto a veces.
Una vez mi alma me dijo que es el precio a pagar: "El desvío de las princesas". Comienzo a asumir que somos distintas y lo siento, a mi que no me jodan, pero es así. Y es difícil, para mi ha sido complicado desde que soy una niña y me atrevía a pensar de distinta forma a la de mi familia, a la de mis amigos. Es muy jodido sentir una sensibilidad especial ante todo, expresarte y sentir que muy pocos comprenden que te preocupe. A mi no me duele que no me entiendan, eso ya lo voy asumiendo. Me mata que a nadie le preocupe ciertas cosas mientras tengan su sesión de televisión, de drogas, de dinero, de comida basura.
Esta mañana me hubiese encantado ser colega de Freud, hubiese marcado su teléfono. Le habría dicho: "Anda , hazme una de esas que me gustan tanto. Que hoy no sé qué me pasa, pero si que sé que hay algo; siempre se esconde. Barrera de protección supongo".

En fin que no sé si es pura sensibilidad, si es un poco de mi locura que a veces quiebra o si, solamente cargo con mochilas muy grandes a diario. Con la búsqueda de una perfección que asusta, con conseguir metas, con la nostalgia que se me agolpa en forma de recuerdos que a veces echo de menos. A veces también pienso la facilidad de algunos por limpiarse de su pasado, yo os juro que calzo cicatrices de cada una de mis historias. En días fuertes sonrío, en días tristes todavía las lloro por dentro. Soy de las que cuando aman de verdad aman para siempre. Otra de mis taras.

Con alguien lo hablaba hace poco, alguien de los muchos que me dice: "Pero como que no tienes novio todavía, si yo no estuviera casado... Si yo no fuera tal... Si yo...." Entonces vuelvo al mismo argumento: ¡Joder! Que no me da la gana tener novio. Que no quiero. Que por primera vez me estoy entregando con absoluta locura a mi misma. Que estoy muy bien así, es lo que quiero. Yo lo decido.
Sólo me lanzo si pronostico incendios, porque a pesar de la autodestrucción el amor es tremendo cuando nace así, pirómano e inmortal. No concibo otra forma. A esta sociedad le cuesta comprender que la soledad puede ser totalmente necesario, totalmente concebida, totalmente elegida.

Hace años vi esa delicia que es Princesas, mi alma me la recomendó. Ahora ambas utilizamos una de sus frases para definir nuestros días rojos.

"Dicen que las princesas no tienen equilibrio, son tan sensibles que notan la rotación de la tierra. Dicen que son tan sensibles que enferman si están lejos de su reino, que hasta pueden morir de tristeza"

Nosotras somos demasiado inquietas, nuestro reino se nos hace pequeño, Aunque nos duela no concebimos otra forma de vivir que comiéndonos el mundo y puede que Freud me lo hubiese dicho así de sencillo: "Es el precio a pagar querida, ya te lo dije, el desvío de las princesas."

domingo, 5 de junio de 2016


Creo que es nostalgia o algo así, quizá se llame sobredosis de nerviosismo o de sensaciones. También creo que a veces me paso: Me hago demasiado la fuerte y esas cosas, y es difícil que tan poco cuerpo aguante tanto por dentro sin, al menos, pegar tres chillidos. Pero no podía, debía callar y estar entera; porque es lo mejor para mi. Sin embargo creo que un par de veces me derretí por dentro, aunque no lo diga, aunque sea muy fuerte.
No tengo sueño, creo que podría volar de empalmada hoy. Es mi electrocardiograma particular que hoy sufre de sensibilidad, de necesidad de abrazos y otras taras.

Mañana creo que se habrán curado las heridas y podré volar, así, como siempre. 

sábado, 21 de mayo de 2016


Por casualidad abro las páginas de Ray Bradbury y le devoro; entonces sé que, de nuevo, esa serie de artilugios no son producto del azar y que puede que sea necesario dejarme seducir. La trilogía distópica no hace más que recordarme que los sueños están para fabricarlos; como el hecho de pensar(te) de vez en cuando, para luego ratificar el miedo que ambos sentimos a cruzar las piernas, o abrirlas demasiado. 
Hoy tengo un poco de esa misantropía que tanto admiraba de mi maldito cabrón; de ese Bukowski que podría ser tachado de machista por aquellos que no supieron rascar en su alma ni en sus miedos. 
Esta noche se la regalo a mis letras evadidas del mundo al ras de una copa de vino; se la regalo a mis cicatrices que de vez en cuando todavía me regalan sueños con mensajes que sigo sin comprender, con besos y anti-despedidas, heridas que de vez en cuando siguen sangrando alimentando las líneas más bonitas de mi inspiración. Totalmente desquiciadas, sin sentido y con mucho sentimiento.
Soy un cardiograma, un torbellino, una puta locura, pero a estas alturas no voy a cambiar. Es más, no quiero. Si te pienso, quizá tiemble, y quizá tú: como un seísmo, lo percibas y me la devuelvas. Y así para siempre, hasta que tanto corazón reviente; supongo.

sábado, 7 de mayo de 2016



Eres mi locura, mi profunda adicción. Eres la maldita tortura que aniquila mi racionalidad.
Eres la pesadilla capaz de matar mis sueños más profundos.
Mi pensamiento a kilómetros de espacio, lustro de un tiempo que parece no borrarte.
Eres la mierda que me acosa en mis noches románticas.
La jaqueca que me acosa en mis días de resaca, cuando no hay nadie cerca y decido pensarte; porque sí, porque me apeteces o porque te presentas, como a veces haces. Maldita casualidad la que lleva tu nombre.

Eres el delirio que a veces me recuerda que estoy vivo. Eres mi sueño a medias. Mi gran esperanza.
Eres mi tragicomedia, mis ganas de follarte; la piel que más ansío.
Eres mi droga preferida, el sonido que recuerdo alimentando mis ganas de encontrarte de nuevo.
Eres esencia y veneno.
Pero eres tú, y ninguna otra lleva tus iniciales, ni tu olor, ni tu voz ni tu alma.
A veces apareces, otra te esfumas por una temporada. A veces te escondo tras otra piel, pero luego siempre eres tú: Mi dulce eternidad.

viernes, 29 de abril de 2016

Se le enreda la locura, el no saber hasta cuando puede un alma ser libre. Los vuelcos de sus decisiones, que sólo reconfortan su racionalidad. La falta de respuestas: indomable ante otras artes, la soledad sabe rica pero, a veces, uno es débil y un abrazo pura droga.

Que mi pasado vive cada día recordándome que forma parte de mi presente. Presa fácil para los idilios de sus artes sonámbulas. Puede que mi pluma a veces se quede enganchada, como mi alma que se hace ovillos.

Frida leerte me hace grande, me da altura cuando se entumecen mis alas. Necesito varios sueños encadenados; esta noche tengo frío pero tengo un don: siempre se me pasa.

Me sorprende como pueden convivir tanta fortaleza y sensibilidad en un mismo frasco, supongo que hasta que la mezcla explote o algo así. He vivido toda mi vida luchando sola, no conozco más arma que mis despertares, más aliado que mis lágrimas, más refugio que mis heridas.

Vida no sé qué me traes de nuevo, pero estoy preparada para todo. Las almas libres sólo bajamos el vuelo para llegar más alto y yo pienso zamparme todas las barreras. Todas.


sábado, 2 de abril de 2016



Ayer parecía que estabas allí, te confundí entre la multitud y hasta me pareció trazar tu perfume.
No estabas, pero te colaste en mis pensamientos.
Hay personas que vienen a revolverte la vida. No, no digo una temporada, digo la Vida; en mayúsculas. Son imborrables, son perennes, inmortales, ociosos: aunque no estén.

A veces me apetece recorrerte despacio. Lamerte, que me provoques delirios, provocarlos.
A veces sueño con bailar sobre tu cintura y perderme entre tus gemidos.
A veces incluso, echo de menos que me abraces.
Es el resultado de que alguien sea capaz de removerte, con todo lo que eso conlleva: incluso el jodido "para siempre".
Luego despierto y hago de racional; que si soy pasional me pierdo.
Como siempre. Para siempre.

martes, 29 de marzo de 2016







Vienes, me quiebras
Son vicios mis oportunidades
Me vuelvo marioneta entre mis cuerdas
Soga de mis propios impulsos.
Y soy alma
Y soy castigo de tanto variopinto disparate.
Y entonces de nuevo todo el peso sobre mis 53 vestigios
Sobre mis kilos que están hechos de cicatrices abiertas a dos manos.
Sobre el alma que nada sobre cristales rotos; impermeable a sus arañazos, pero sin serlo.
Sobre la ruptura de un cuerpo destinado a huracanes. 
A los hilos rotos que empapan la sangre que siempre sangra.
La vehemencia que me ahoga en mi propio veneno
Siempre desnuda ante mis pasiones.
Siempre tan libre y tan cárcel.
Siempre tan yo y tan ellos. 
Llevo sus marcas y todavía duelen. 
Los resquicios de vivir con pasión.
Los resquicios de no saber de vivir de otra manera.

jueves, 24 de marzo de 2016


Le recuerdo a diario, le lloro casi siempre. Echo mucho de menos el caminar de sus patitas peludas, que a menudo acompasaba con uno de sus saltitos danzarines.
Hoy recordaba como algunos imbéciles se atrevían a hablar sobre él y su carácter como si su posición de seres humanos les otorgará cierto caché. Lógicamente esta clase de "personas" hace mucho que dejaron de estar en mi vida; hay demasiados como ellos, esos que solo ven por encima; creo que porque ellos están muy por debajo y necesitan enardecer su inferioridad.  

Esas personas que aman lo fácil; yo estoy hecha de otra pasta. Llámenme egolótra, estoy aprendiendo a amar(me) sobre todas las cosas. 
Pues eso, que siempre amé lo difícil, lo corrupto, lo diferente: muy Bukowski al parecer. Quizás echando la vista atrás mi vida haya sido un puto hervidero de sensaciones ¿Creen que me arrepiento?  Joder, claro que no. Ahora, desde mi humilde perspectiva me siento orgullosa de todos y cada uno de mis pasos y de su aprendizaje; de amar la locura, de prenderme para siempre de ella. 
A él le amaba, y le amaré hasta el último día de mi vida. 

Amaba la forma en que evitaba mis lágrimas, convirtiendo mis lloros en carcajadas cuando decidía comerme a besos. Amaba su lado macarra, ese espíritu Miller que le convertía en el puto crack del barrio: y sí, también amaba sus ladridos. Amaba su mirada cuando me pedía el cachito final de mi pan con tomate y de todo lo demás; porque la sandía le volvía loco. Amaba que posará su cabecita sobre mis piernas y se quedará dormido. Amaba sus abrazos cuando llegaba a casa. Amaba su nerviosismo exacerbado, que no era otra cosa que su sentir demasiado, como me pasa a mi: pero hay que darse cuenta y comprenderlo, comprendernos.
Le amaré siempre; quizás los poco cuerdos somos así, nos entendemos entre nosotros y nos amamos para siempre. Pero no quiero cambiarme ni cambiarles, lejos la gente aburrida. Que se marchen con sus vidas opacas. Yo quiero Tobías que me hagan enloquecer y echar de menos. Quiero imperfección. Quiero raros que me quieran por mis taras, que por mis logros ya habrá demasiado interesado: ya saben, demasiada mierda disfrazada de brillo. 

viernes, 26 de febrero de 2016




A veces necesita sentirse musa, sobre todo los días de frío y lluvia. Esos días se olvida del rock & roll, prefiere Blues agazapada en un abrazo; porque en días como hoy lo necesita. Bueno, más que necesitar, más que eso, le gustaría que la tocarán. Que deslizarán los dedos entre sus piernas, con ganas y sumo cuidado, como si fuera un ángel. Que la mirarán como si se parará el universo en sus ojos. Que se enredaran en su pelo como si fuera seda. Que la quisieran durante un rato, le valdría con esa noche, porque ella es libre. Pero a veces es bonito que te agarren por la cintura y se entreguen al delirio de quererte aunque sea un rato, aunque seas inalcanzable. Así, como una musa que se deja a veces, quizás una noche de frío y lluvia. Entonces sabes que eres afortunado ¡joder! porque sabes que hoy se deja querer, pero ya no sabes cuando dejará que vuelvas. Para que no la rompas y esas cosas, muy libre, muy musa de las que a veces necesita que la quieran.

domingo, 14 de febrero de 2016

Escribo para que no me sangren las heridas, para que mis dedos lloren lo que mis ojos ya no pueden. Escribo para recordar los orgasmos espirituales, y experimentar orgiásticos lamentos cuando el espacio-tiempo me devuelva los recuerdos.  Escribo por que me dueles y me gustas, porque la vida tiene un poco de ambas y vivo en esa dualidad que todavía rezuma matices de mi esencia, que hace que me quiera un poco más, que me torture un poco menos.
Escribo porque a veces me salen historias bonitas, otras no tanto, pero necesitan su espacio.
Escribo al chico que me ha sonreído en el tren. Ese que sostenía un libro como absorto. Entonces se cruzaron nuestros perfumes; me mira y yo le sonrío, y le observo como buscando el título que puede que me lo aconseje como próxima historia.
Escribo a los hombres de mi vida, a las mujeres de mi vida, a las almas de mi vida.
Escribo a los momentos que me regala, que me cede y que me exprime, que me folla y que me besa. Escribo a nuestro vinos y humaredas, a su tacto y su sonrisa.
Escribo a las injusticias porque es mi modo de expresarlas, las escribo porque sino me asfixian, delatan mi temperamento y me expongo a la crónica de una muerte anunciada.
Escribo porque me oprime, porque me da placer y actúa como analgésico. Porque sino de tanto sentir sin sentido puedo ceder mi falta de locura y regalarme a la costumbre, entonces os juro que se me agota el oxigeno y dejo de respirarle a la vida.
Escribo porque, como casi todo en lo que me entrego, lo amo hasta reventar: así de bueno, así de fácil, así de yo.

viernes, 12 de febrero de 2016


"Te observo a menudo en el rincón en el que trabajas, quizás demasiado expuesta Valentina. Observo como sonríes o bromeas a menudo, y como eres incapaz de disimular los días malos, o las lágrimas cuando te vienen. Observo los nuevos libros que asoman de aquél bolso repleto de historias, la forma en la que contoneas tu pelo y tu capacidad oratoria. Observo tus nervios, tus conversaciones, y como hablas de Higs y de las ondas gravitacionales escondida entre notas de trabajo; como disimulando.  Me dices que eres rara, que quizás por eso es difícil que lleguen a ti. Sé que eres diferente Valentina, lo sé porque lo veo a diario. Quizás por eso quiero saber más, quizás por eso me mata la curiosidad. Quizás por eso; porque atrae, porque atraes. Cuéntame más Valentina. "

martes, 9 de febrero de 2016



Decía Valentina que, a pesar de las noches en vela, de las historias a medias, del dolor... Que a pesar de todo y con todo, alguien que te ha regalado la felicidad y te ha hecho visitar el infierno. Alguien capaz de crear ese recuerdo: en una bañera, alejados del mundo; mientras él le cepillaba una melena hasta la cintura, desenredando su pelo y, también, su alma. Alguien que ya conocía de sobra sus lunares y el recorrido de sus curvas. 
Ese que conoce sus mejores defectos y sus peores virtudes. Aquel con el que compartió escenas de película que ambos idealizaban mientras escuchaban wild thing en aquel paraíso bañado de pobreza y pasión. Ese alguien que después del tiempo, del todo y del nada provoca al azar para que os encontréis de nuevo. Esa distancia que quedo derruida escuchando a Russian Red aquel tres de Marzo donde se decidió delimitar los errores para volver a idealizar su historia. Esa distancia que existe porque se temen y se corrompe porque el tiempo juntos compensa las heridas más profundas. Cuando él la busca, y ella se deja. El instante en el que se fugan al refugio, mientras se sonríe como si no hubiera existido el tiempo. Ella tiembla y se deja ser, al menos por un rato. 

La abraza, la besa como si jamás hubiera pasado nada. Busca los pliegues de su piel y la sonríe como si se parara el tiempo; y después, después de todo le dice: "Y nosotros entonces, hemos quedado para mirarnos".

Entonces Valentina se cerciora de que, jamás abrirá su corazón si no son capaces de provocar eso. Lo tiene muy claro.

martes, 26 de enero de 2016


"Disparates latente en tu media sonrisa, en la pose estudiada con la que asesinas mi debilidad: que lleva tu nombre y sabe a tu pecho."
Y suena Starlight porque el azar nos zarandea a veces. Dejo de escribir. Tenso la curvatura de mis labios, lo hago sin querer; lo curioso es que sigue saliéndome solo. 
Será que hay historias que saben al rock de los 70, a lluvia en un rincón perdido.
Será que he amado hasta dejarme las lágrimas secas de tanto sufrir; he amado hasta saciarme de una felicidad que me dejaba morir tranquila. ¡Joder! He llorado haciendo el amor, y sí, era de alegría.
Mi vida se traduce en algo así: follarse la vida, decorarse de cicatrices, porque si son capaces de pintar huellas imborrables es porque exprimieron sensaciones inmortales. 
Y sí, después de todo, colmaría mi vida de guerras como esta. Lo juro.
Si algún día os emocionáis haciendo el amor, sea como sea, os acordaréis de esto. No me cabe duda.

domingo, 10 de enero de 2016

Carta a ti.


En algún sitio estás tú. Quizás nos hayamos cruzado en Gran Vía un domingo por la tarde, a lo mejor hemos compartido ya, alguna etapa juntos, puede que no fuera el momento. Quizás he soñado contigo y existías en mis delirios inconscientes. A veces pienso que un día nos dimos la mano, en uno de esos acontecimientos lleno de nervios que marcan un futuro. Todavía recuerdo su mirada y como me gustaba que me escrutarás así en un lugar tan poco oportuno, en una situación tan poco lícita. No me confundía, puede que algún día decidamos, que nadie nos impide un café en el que hablaremos de grupos de música comunes o de la envidia que me despierta que hayas disfrutado de un Coachella; si es que eres tú.

No sé si eres guapo, no me importa: sé que eres bonito por dentro. Sé que cuando me cruce contigo, nada me dará miedo, que no estoy dispuesta a perder la oportunidad de que consigas erizarme la piel como pocos lo han logrado. Sé que me amarás en mis días malos, me abrazarás por detrás mientras me devoras las mejillas hasta robarme carcajadas. Los días tristes me dictarás las frases más bonitas en un baño de espuma, con el que confortarás mis miedos mientras lloro de tristeza y sonrío de felicidad al mirarte a los ojos. Nos embriagaremos de festivales llenos de mierda y con camisetas que huelen a cerveza, y a ti. Recorremos el mundo y dejaremos nuestra esencia mientras nos dedican miradas cargadas de envidia y asombro. Hablaremos sobre libros, quizás de política y economía, me aportarás conocimientos y estoy convencida de que te gustará conducir: eso forma parte de mi vida y siempre me ha gustado.
Las dudas serán débiles, si es que algún día existen, porque cuando nos miremos a los ojos sabremos que somos demasiado afortunados para joderlo. Nos encantará regalarnos orgasmos, follarnos despacio, conocer de nuevo cada milímetro de una piel adictiva: que no se cansa, que no nos cansa.

Sé que estás, lo intuyo a veces, pero no tenemos prisa. Disfrutemos mientras de lo que nos depara nuestras vidas; seguro que es divertida, tanto como la mía. Ya compartiremos anécdotas e historias. Ya compartiremos cielo...

lunes, 4 de enero de 2016



He soñado con delirios que no me pertenecían, he cargado mil heridas rasgando un alma que, a veces, pesa toneladas de hastío.

La idiosincrasia de mi unicidad que, sin embargo, vive reprimida por miedo a que no guste la esencia. He sido el ínfimo y el supremo de una curva de dolor y vida que me acompaña en la aventura desde hace 28 inviernos. Experimento sonrisas del pasado con sus recuerdos, y he decidido perdonar el pasado; entender que no siempre se es suficiente para alguien, ni siquiera para una misma.

En mis días he conseguido el resurgir de cenizas que dejan cicatrices perennes y que, sin embargo, siguen desprendiendo las sonrisas más sinceras y el temblar de unas piernas que, ya, no se emocionan fácilmente.

Soy frágil y conozco la fortaleza, bailo en los vaivenes de mi falta de cordura y estoy dispuesta a desnudar mis miedos por abrazar mis sueños. Creo que se existe cuando nos reconocemos frente al espejo; la fidelidad de nuestra propia entidad.

El 2016 será bonito, porque lo plasmaré de belleza, de toda la que me queda por dar y de todo lo bonito que me rodea. La oscuridad de acontecimientos pasados sólo será la luz de divinidades futuras. Confiar en mi misma por encima de todo. Tinta, locura, aprendizaje y cultura.

Valentina nos queda mucho por recorrer. Buen viaje.