Follow by Email

martes, 20 de octubre de 2015


Ha escuchado mentiras bonitas.
Mentiras de esas que por un instante acaba creyendo, que de nuevo le dejan dar un pasito "al venga va, que te sigo un poquito".
Mentiras bonitas. Lo juro. Tocan el corazón, te dilatan las pupilas, te dicen "oye, venga, quédate un ratito más; que me sientas bien al frío..." 
Mentiras que miman, que envuelven y engatusan. Mentiras que son distintas; que no cargan halagos vanidosos, detalles que describen a la persona, sin darle forma.
A este tipo de mentiras le enloquece la locura. Y alguien que aprecia tanto la demencia tiene un punto de cordura que acerca a Valentina al dulce delirio de pensarle; aunque sea un poco.
¡Ay Valentina, dónde te metes!- Se dice así misma a menudo.
Desde hace un tiempo está tan perdida entre sus sueños; es tan libre, que casi da miedo.
Dice que por primera vez, lo que realmente le aterra es bajar el vuelo. Es tan libre Valentina, que se excita entre el baile de sus alas. Su perdición es la pasión que lleva dentro; eso y que a veces muerde y no se aguanta.
Muerde porque esta hecha de locura, de pasiones y se deja llevar. Entonces puede que baje el vuelo un poquito, nunca se lo tengas en cuenta. Valentina vuela porque se siente a gusto en libertad; por eso y porque muchas veces sintió el vacío de la caída al arañar sus alas, al rajarle el alma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario