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domingo, 25 de octubre de 2015

Carta de Valentina para Mateo.



"Llámame ángel; como cuando sale de dentro y regalas amor en forma de palabras.
No dejes que me escurra entre tus dedos como si fuese mantequilla, es un truco de mi subconsciente para escaparme cuando no quiero. Abrázame fuerte, hasta romperme los miedos;  se me pasará todo.
Tráeme noches de insomnio, pero del bonito, del que quiero que sea agarrada a ti follándonos sin control.
No me traigas noches de insomnio, de discusiones a medias, de preocupaciones enteras, de un me voy a dormir sin decirte que si mañana no estás a mi lado puedo morirme de pena. No hagas eso, porque ya he muerto una vez por ello.
Házmelo fácil, me cansé del hoy te toca a ti; mañana ya veremos. Interesarte por mis mundos como si fueran los tuyos, solo porque para mi son importantes.
Hacer de dos caminos paralelos, la abstracción de uno solo.
Quiéreme un poco más cada día, aunque coma deprisa, aunque sea un desastre, y empuje el dentífrico desde la mitad del envase. Aunque me pierda a veces y llore sin sentido algunos días. Quiéreme siempre porque tres mil polvos ajenos jamás compensarán un beso nuestro.
Allí, perdidos, en aquél rinconcito donde nos unimos para siempre"

Y así le sello la puerta de su casa, y quizás también el alma, la dulce Valentina.


martes, 20 de octubre de 2015


Ha escuchado mentiras bonitas.
Mentiras de esas que por un instante acaba creyendo, que de nuevo le dejan dar un pasito "al venga va, que te sigo un poquito".
Mentiras bonitas. Lo juro. Tocan el corazón, te dilatan las pupilas, te dicen "oye, venga, quédate un ratito más; que me sientas bien al frío..." 
Mentiras que miman, que envuelven y engatusan. Mentiras que son distintas; que no cargan halagos vanidosos, detalles que describen a la persona, sin darle forma.
A este tipo de mentiras le enloquece la locura. Y alguien que aprecia tanto la demencia tiene un punto de cordura que acerca a Valentina al dulce delirio de pensarle; aunque sea un poco.
¡Ay Valentina, dónde te metes!- Se dice así misma a menudo.
Desde hace un tiempo está tan perdida entre sus sueños; es tan libre, que casi da miedo.
Dice que por primera vez, lo que realmente le aterra es bajar el vuelo. Es tan libre Valentina, que se excita entre el baile de sus alas. Su perdición es la pasión que lleva dentro; eso y que a veces muerde y no se aguanta.
Muerde porque esta hecha de locura, de pasiones y se deja llevar. Entonces puede que baje el vuelo un poquito, nunca se lo tengas en cuenta. Valentina vuela porque se siente a gusto en libertad; por eso y porque muchas veces sintió el vacío de la caída al arañar sus alas, al rajarle el alma.

sábado, 10 de octubre de 2015

El preámbulo.


Ojea los libros apilados entre las estanterías. Ese rincón de Madrid cargado de gente joven que ilustra distintos estereotipos actuales.
Pide un café solo, que deja con mimo sobre una de las mesas de la esquina. Lleva un abrigo largo que cubre parte de sus rodillas, delata elegancia; a pesar de ir encogido por el frío. Pinta alguna cana, puede que cargue con más de treinta y tres historias sobre sus hombros. 

Es de esos seres que irradian; que esconde mucho más tras un rostro magnético. Esconde delirios,  lee poesía y escucha Joy Division. Sabes que él es de rock, pero un día te sorprende por casualidad; te coge de las manos, y baila salsa contigo en un garito de moda de la capital. Ha leído a Cortazar y sin ninguna duda acumula libros en la mesita de noche. Le gusta el cine, y jamás te dirá que no a una de Woody Allen, aunque avecinen truenos y tormentas. Recorreréis París, New York, la Selva Negra o puede que Europa en una furgoneta Wolskwagen de esas que tanto os gustan. Un día aparecerá con las entradas del próximo festival de Rock y haréis preámbulo de ese fin de semana repletos de mierda, quizás también de alcohol, mientras os devoráis a besos.

Solo lleva un casco en la oreja derecha y en el brazo contrario sostiene Crimen y Castigo, también algo más nuevo de Houellebecq. Esta lloviendo, debe estar escuchando algo de Nina Simone, quizás a Coltrane o al gigante B B King.

Ahora mira a dos chicas que escrutan con cuidado cada una de las estanterías, las mira y las sonríe con picardía. Y yo pienso que esperaré aquella sonrisa la próxima vez, puede que en alguna de esas librerías cafetería de Madrid. 
Algún día nos cruzaremos señor, quizás mientras cotilleo las páginas de "partículas elementales", y doy un sorbito a un capuchino resguardándome de la tormenta, con el pelo empapado. Quizás me sonrías y encuentres que yo te la devuelva. Te atreves a preguntarme si tengo mucho frío y cosas así. Preámbulo de nuestra historia. Algún día.

viernes, 9 de octubre de 2015


Suena algo de los setenta mientras el azar les recuerda que el tiempo solo les concede treguas. Ellos solo sonríen. Sonríen porque saben bien que son dos almas destinadas a encontrarse. Encontrarse o  buscarse entre los recodos de la libertad que les premia con regalos como los de aquél día. Se huyen como lo hace el raciocinio, pero se buscan, se buscan como lo hacen los kamikazes que saben que un instante juntos compensa los trescientos polvos de otros. Les resulta curioso que se encuentren entre susurros, como si los años fueran un ayer, como si hubiesen mantenido una conexión sin mensajes. Como en aquellas historias donde todavía existía el romanticismo. 

Llueve, después de tanto tiempo. Culpan al azar, que ahora no les tortura: solo les recuerda que se sintieron héroes y que eso compensa las heridas, las heridas y los putos cañonazos que arrastran en los costados. Y deciden mojarse, porque esas almas se mojan ¿sabéis? Se mojan aunque vivan acojonadas, se mojan y sienten a grandes niveles. Son como estrellas, estrellas que brillan: que irradian toda la luz que tienen para entregarse, entregarse hasta morir. Morir para convertirse en eternas.

domingo, 4 de octubre de 2015



Dicen que la inspiración ha perdido su musa, aunque yo sigo ofreciéndole mi locura en cada esquina.
Dicen que las historias se han quedado huérfanas de tanto pensarlas y yo mientras les ofrezco un asilo entre tanto desorden mental.
Deudora de mil sueños que se hacen hueco entre cartones, esperando ser fruto de mejores historias. No dejar que los golpes nos dejen secuelas: reforzar el estigma y convertirlo en leyenda.

Ya no creemos en el karma; las cosas difíciles ponen la zancadilla y nosotros le ponemos las alas; o saludamos al enemigo como lo hacían los ingleses en la guerra de los cien años, les mostramos el corazón para que sepan que jamás podrán arrancárnoslo.

Nos hemos hecho titanes de una sociedad que aplaude corderos. Los residuos que el miedo ha provocado en años de tiranía, para que otros nos vendan. La cobardía que levanta jaulas de estabilidad para que no volemos, ni pensemos, ni aspiremos, ni reclamemos lo que nos pertenece. Y somos pocos, pero aún así os bañaremos de sonrisas porque podrán quitarnos todo, todo menos la revolución y la ganas que mueven nuestros instintos.

Sabed que hay gente que está hecha de sueños, de conocimiento, de ganas de pensar y de Vida. Sabed que hay un mundo dispuesto a ofrecernos nuevas oportunidades, y que las utopías se construyen a base de hostias. Porque nunca nadie dijo que tocar quimeras con la punta de los dedos fuese a ser fácil, y nosotros, al menos, todavía creemos que podemos hacerlo.