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domingo, 20 de septiembre de 2015



Pasaron años desde aquel adiós y decidí que estaba curada; que quería ver de nuevo aquellos zapatos. Volver a reflejar mis recuerdos ante aquel escaparate sin miedo a que los años y tanto dolor hubiesen matado mi amor por aquellos recuerdos. Así que caminaba distraída por aquella avenida concurrida, maltratando mi espalda con el peso de los libros que jamás dejaba en casa, y me tope sin darme cuenta con la tienda de la esquina donde nos parábamos dados de la mano. Tú te embobabas con los zapatos de corte inglés, esos que decías te comprarías algún día. Yo, con la ilusión de tu mirada mientras te imaginabas con ellos puestos.

Me paré de bruces ante aquella nube de recuerdos en forma de antiguo escaparate. Observé los cambios, y pensé que esos zapatos no te gustarían, quizás ya no volverías a mirarlos igual.

Un perfume me abrió los ojos más de la cuenta, no podrías ser tú, después de tantos años. Pero el olor invadía mis sentidos, quizás era la sombra de tu recuerdo que torturaba de manera inconsciente nuestra historia . Te maldigo en silencio, y aborrezco por un momento hasta los momentos de extrema felicidad, porque aún hoy me recordaban que eso se escribía con la pluma del pasado. Seguías acosando mis delirios y yo que me creía fuerte, me derrumbo y tiemblo mientras giro para emprender de nuevo mi camino.

Al girar me cruzo contigo, y esta vez no me traicionan los delirios, ni los recuerdos. El perfume eras tú pegado a mi espalda y me encuentro de golpe con tu presencia. Me miras de la misma manera en la que años atrás observabas aquellos zapatos. Me miras y sonríes. Sonries y tiemblas.

Hay historias que viven eternas, a pesar de todo...

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