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domingo, 23 de agosto de 2015

La fidelidad siempre llevará tu nombre



Si pensaba en "la posibilidad" se creaba un nudo en el pecho que me hacía llorar cuando todavía estaba conmigo. Ahora se ha ido, ahora esa angustia vive en mi pecho como el rinconcito de corazón que se ha llevado para siempre. Jamás podrá ser reemplazado. Es suyo, es tuyo, será siempre nuestro. 

A su lado compartí quince años de mi vida, de los que podría dibujar mil y un recuerdos bonitos. Lo único que supo regalarme es felicidad y una lealtad que nunca habría conocido sin él. 
Mil recuerdos que se dibujan y me chillan que no está conmigo. Las noches sin abrazarle y que acabe gruñendo un "¡Qué pesada eres!"en su idioma perruno. Esos reencuentros míos después de nuestros paseos, en los que nos abrazábamos y aprovechaba mi debilidad para pedirme un premio. Las lágrimas y el dolor que calmaba a lametazos como si supiera mucho más de mis necesidades que las personas que me rodeaban. Imposible sentirme sola estando triste a su lado. 

Y se ha ido, mi mejor amigo, se ha ido para siempre dejándome un vacío que no calman ni las lágrimas. 

Se me hace tan difícil que todavía espero que me llame para que le de agua fresquita, espero que raspe la puerta y me desvele por que de madrugada ha decidido que quiere dormir conmigo. Espero que me pida el final de aquella rebanada de pan que terminábamos desayunando juntos. Su espera en la puerta a mi llegada y mi consiguiente caricia que hacía que se estirará de amor entre mis brazos. Tanto me ha regalado, tanto me ha enseñado que me siento en deuda infinita con él. 

Tuve que tomar una decisión, quizás una de la más duras de mi vida hasta el momento. Dejó de ser perro, ya no quería sus premios, ni andar, ni venir a recibirnos y es eso lo que les hace sufrir. Ese no poder ser... Había llegado su momento y estirar la angustia sería el resultado de mi egoísmo por abrazarle un poco más. Quizás lo intuía por que cuando nos vimos, en nuestra despedida, meneaba el rabito como si de repente nada le doliese, nada le pasase, nada para siempre. Nuestra puta despedida, esa que temí todos los años de nuestra vida. 

Y comenzó a dormirse lleno de amor entre mis brazos, no quedarme a su lado habría sido un símbolo más de egoísmo, y él jamás lo habría hecho. Tendría que volar al cielo de los perros con los mil te quieros y besos que procure que se hicieran suyos para siempre, mientras se iba apagando mi por siempre bebe... 
Necesito que permanezca para siempre y esta es una de las tantas maneras que tendré de calmar el dolor que ha dejado al irse. 

Te echo de menos.

Te echaré de menos el resto de mis días.

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