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sábado, 18 de julio de 2015


Por un instante viajo a esa mañana en que me abrazabas entre sábanas blancas después de la oportunidad. El infinito se convertía en un instante fijo donde me mirabas como si nos hubieran separado tres mil amaneceres. Como si cada día sin tocar mi piel hubiera resultado un infierno. No necesité ni una sola palabra para saber que todo era suficiente.

Después llego todo lo demás, y entonces yo volvía a sentirme entre los vaivenes de la desesperación y una asfixia casi inerte que consumía mis ganas y me obligaba a considerarme un capricho entre tus brazos. Y entonces nada más me hizo pensar lo contrario porque te fuiste; yo solo tuve que abrir la puerta.

Ni mi boquita rebelde. Ni mis latidos exagerados. Ni mis ataques sinceros, ni todo el jodido mundo que te regalaba fue.
Porque nunca volví a verte.
Esa es la verdad.
Esa es la puta verdad.

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