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sábado, 23 de mayo de 2015




Hoy soñé contigo.
No recuerdo el qué, solo sé que soñé.
Soñé bajito, como a escondidas y sin dejarme llevar demasiado, he comenzado a traicionar a mi subconsciente.
He buscado respuestas. He parado de buscarlas.
He mirado al espejo y he sonreído mientras lloraba. Sonreía por mi entereza, mi amor propio. Lloraba porque mi lucha no mereció la pena (no ahora).
Echo de menos caricias. Casi las prefiero con la voz.
Quizás en mi sueño era así.
Quizás follabamos.
No lo sé.
Sólo sé que soñé contigo y que no pude dormir más,
Sólo sé que, no sé si me apetece soñarte pero tengo unas ganas locas de caricias hechas de voz.
Orgasmos; también de palabras.
Historias, como hechas en sueños.

domingo, 17 de mayo de 2015

Zambullirme en la eternidad de un recuerdo bonito, aunque fuese el causante de sentimientos atrapados en la parte superior del estómago.
Me gusta observar los tejados de la capital, gatear entre ellos y reír de miedo. Siempre con vértigo, y sin embargo tan adicta al zarandeo de sus alturas. Escuchar a los químicos que construyen cúpulas para observar las estrellas, hacer de una bolsa que danza entre las nubes una estrella fugaz y que me describan con pasión el jardín de las delicias. Ese abogado que adora sus mundos utópicos, y de cada detalle dibuja el camino de su revolución. La genialidad hecha en persona: sensibilidad pasión y cultura. Almas que nacieron para encontrarse y fundirse.

Y ella. No hay palabras, créanme . 

Las dos. Madrid. Mi admiración ante tanto derroche de pasión por las cosas no banales. Dicen que solo la genialidad tiene la sensibilidad de apreciar la genialidad. Ella dice que hay un alma apasionada para mi. Yo no sé si es así y ni siquiera sé si lo necesito (quiero) ahora mismo. Ya la tengo a ella y explosionamos juntas entre tanta maravilla. Reímos con el químico, nos enamoramos de revolución y descubrimos la cultura y pasión que vive en ese ser.  

Solo almas que estallen y nos hagan estallar; así, como una estrella fugaz, así hasta nuestra eternidad.


miércoles, 6 de mayo de 2015



Hace tiempo prometí no regalarte el tiempo que para ti resultaba un esfuerzo; hace tiempo prometí no darte más de mi subconsciente, ni de mi consciente, ni de mis sueños. Hoy fui débil, hoy te pensé en aquel vagón camino a casa. Pensé si alguna vez valorarías mis segundos despreciados como enardecías los tuyos no cedidos.

Entonces abro Rayuela: esa joya hecha libro que un día escribió un genio y que hoy leemos a la par dos raras hechas de una sensibilidad ignorada por los tontos. Y lo que es una delicia se convierte en un placer mientras compartimos páginas de camino a casa, y compruebo que existen personas con esa capacidad de expresar, de sentir, de deleitar los simple, de hacer enorme la sencillez. Y pienso que no es justo que llore por quien no ha deseado por encima de su orgullo abrazarme de nuevo hasta destruir de un plumazo rastrojos de flaquezas. Y pienso que he conocido la peculiaridad, que me he enamorado hasta sentir que podía morir de felicidad, que casi he llorado haciendo el amor (aunque haya quien jamás se diera cuenta). Y me acuerdo de la noche vivida hace dos semanas al lado de ella, y de ellos con los que hablamos de Nadja, de Paris y del Universo... Perdimos la cabeza a manos de lo que eriza la piel. Esos amigos que abracé tras una noche de rock en Malasaña, con la certeza de que da igual el tiempo, da igual el espacio. Da igual.

Desde esa noche, todo es un poco más bonito.

Y pienso en ella de nuevo; mientras escribo uno de los pocos whatsapp del día (y qué feliz me siento de no necesitar más). Una semana fea da un cambio radical mientras compartimos un corto, las letras bonitas que solo escribe la inteligencia hecha sensibilidad: mis únicas esperanzas.

Ahora solo quiero Paris contigo. Las dos y esos tejados roídos y llenos de historias, ese barrio de artistas y escritores, el Jazz de Julio acompañando nuestro viaje. Mucho café, vino, y pies descalzos. Hacer historias bonitas: breves o sin fin, pero eternas.

Tú y yo.