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martes, 28 de abril de 2015


Hay historias de amor fundiéndose en cada parque; hay parejas que mueren a manos de la costumbre. Existe quien sueña despacio, quien muere ante la frialdad del asfalto, quien abandona deseos por amor a convencionalismos.
Yo espero mi momento. A veces se me olvida que, a menudo nunca fue demasiado si era por cerrar los ojos y tenerlo claro: las piruetas están haciendo de las suyas.
Sigo llorando a ratos, sonriendo casi siempre  y no es difícil que se me erice la piel una vez por semana, incluso varias veces al día. La revolución me arde las entrañas ante mis mundos ilógicos; ante los demonios de una sociedad corrompida. 
Te voy a confesar que todavía te lloro, y que al menos te pienso una vez al día. Es difícil no hacerlo cuando has tocado el cielo y el infierno con la punta de los dedos. 
Me gusta imaginar historias en los ojos de otros, que corren sin vida en ciudades opacas. 
Me gusta roer mis mundos imaginarios y hacerlos al papel, inmortales a mi frágil memoria.
Me gusta oler las páginas de un libro, por eso mi bolso siempre pesa kilos de poesía y literatura. Nunca un dolor de espalda fue tan placentero.
Quizás escriba sobre todas mis peculiaridades, mis delirios pasados, las dulces y magnificas casualidades de mi vida...
Puede que no me resista a vivir entre bares, escribir sobre un desconocido, verter lágrimas en un fragmento para ti... 
La soledad se me resiste y las cadenas me ahogan, pero no sé vivir sin aferrarme al instinto.Ser una folla-almas es un concepto precioso, y puede que, no sepa vivir de otra manera.

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