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sábado, 25 de abril de 2015

Es sábado, el primero desde hace mucho que lo gozo en casa. Casi sola y con una lista del Jot down que sólo podía recomendarme una de esas personas que molan sin saberlo. Me he hecho un té y he decidido que la ventana me gusta más hasta arriba, porque me gusta ver llover y porque me da bastante igual quien me observe desde el piso de en frente. No he parado en todo el día (básicamente como a mi me gusta), sin embargo desde ayer había un huracán algo jodido revoloteando en mis vísceras, haciendo la zancadilla a mi estabilidad emocional.

Con ella es fácil, lo ha sido. Ha calmado con temple mis soldaditos revolucionarios, mis miedos y arranques dogmáticos, mis sentimientos truncados. Los ha equilibrado de un plumazo recordándome que, a veces, no pasa nada por sentir demasiado, que es natural sudar justicia.  He recordado que prefiero llenarme de heridas nadando a contracorriente porque estoy segura de que compensa, compensa sentir el triple porque vibramos. Nos emocionamos como muchos no lo han hecho en su puta vida. ¡Ay malditos! Eso compensa aunque lleves el alma repleto de magulladuras. Compensa siempre.

Por personas como tú, princesa, la vida es bonita.

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