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sábado, 4 de abril de 2015


Como me gustaba serpentear tus labios con la punta de mi lengua juguetona. Lamer tus dedos; así, con los ojos cerrados y despacito, que para amarnos nunca teníamos prisa. Como me gustaba alinear tus lunares, morderte las ansias y colgarme con arañazos al limite de los orgasmos. Como me gustaba escribirte y que me leyeras, desearte y que te dieras cuenta; los abrazos de primera hora con los ojos aún dormidos. Como me gustaba maldecirte y adorarte, las noches de verano con aquél capo como colchón.

Bailarina entre mis delirios, deditos frágiles de mantequilla, mártir de mis ensoñaciones, desastre repetitivo, revolucionaría de palabra, revolucionaría de pacotilla, llorona de las injusticias. Incapaz de sostenerme entre la frialdad de tanta realidad, o incapaces ellos de sostener tanta locura, aunque sea dulce, lírica y divertida, pero a veces, sólo a veces todo nunca es suficiente, menos es mejor, o lo que era demasiado resultaba insuficiente, quizás solo dependía de una cosa: de los latidos de un corazón.

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