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martes, 17 de marzo de 2015


Soñar esta sobrevalorado. Deambular entre idealizaciones, imposibles, demencias...
Soñé contigo, y te dejé pasar. 
Soñé con tu sonrisa, y dejé que me acariciará; así despacio, dibujando círculos al ras de mi cordura.
Soñé con tu demencia, y dejé que sin apreciarla me contagiase de locura.

Tantas veces te soñé y desperté de mi sueño que sufrí leves periodos de insomnio sentimental; mientras yo, y mi absurda manía de no rendirme me obligaban a seguir soñando.

Y desperté y entonces dejé de soñar y comencé a vivir. Comencé a rogar aunque no se me da bien...
Y pensé que eso nada tenía que ver con mi sueño; y pensé que desear a ritmos distintos no debe ser sano, y recordé que yo viajaba a la luna en aviones de papel: sola, sin compañero de viaje. Entonces supe que me estaba perdiendo entre tanto querer, me dí cuenta de que perdía la orientación del cometa mientras esperaba sobre la tierra.

Soñar esta infravalorado. Deambular entre idealizaciones, imposibles y demencias.
Porque mientras otros se conforman yo vivo.
Me fumo mis días, devoro mis ansias, peleo imposibles.
Porque un día, un imposible se hará realidad.
Un día puede, que alguien viaje conmigo a la luna y cometamos alunizajes sentimentales (o puede que no). Mientras no se cuestionan las ganas y se vive al son del ritmo cardíaco. Mientras los sueños sufren simbiosis y dejan de soñar, para comenzar a ser.


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