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lunes, 26 de enero de 2015



Dices que me estás esperando en el piso 33.
Yo no sé muy bien si estaré a tiempo; tampoco estoy segura de si quiero estarlo,
¿Sabes? a veces te tengo miedo. Es que no sé muy bien que esperas de mi. He dejado de entender este juego al que hace tiempo te dije que no pondría peros; he dejado de entender el juego que yo misma inventé. Las reglas que impuse se han convertido en mis enemigas; lo que iban a ser santuarios se han convertido en cárceles. 
Yo que resultaba casi indestructible: acompañada del taconeo que me brindaban esos diez centímetros de más; también de estatura.
Ahora soy débil... mucho. Sobre todo cuando me miras, y me sonríes, y creo que el mundo tiene sentido solo por aquéllo ¡joder!  Y entonces te odio, te deseo y te algo más que no me atrevo a decirte... 

¿Sabes lo peor de todo?, que a las diez estaré puntual en el piso 33.
Que volveré a verte y seguiré jugando
Que no te diré nada por miedo a que este juego se acabe.
Aunque pierda un poco de mi en cada partida, porque puede que gane un poco de ti en cada jugada.

martes, 6 de enero de 2015



Puede que el mundo esté loco, y yo demasiado cuerda para no saber amarlo. Esta maldita demencia que a veces me ata a un mundo del que no comprendo tanta superficialidad, y donde existe tan poco amor (menos en Navidad). Espero guillotinas a mi nombre y me uno a las filas de fusilamiento; porque a veces no soporto tanta hipocresía y me siento incapaz de armas cañones contra todo lo demás. Porque existió un instante en el que se me olvidó esperarte, porque perdono yo menos todos, y me atiborro de dramatismo en forma de gente que ha olvidado en que consiste ser persona. Escuchen más, comprendan mejor, olviden antes. A mi hoy se me ha olvidado como hacerlo; tendré que emborracharme de creatividad: es lo único que hace constante mis latidos. Sólo en momentos de euforia: cuando no comprendo el mundo que es incapaz de comprenderme.
No es fácil cabalgar con tanta sensibilidad en este mundo lunático...