Follow by Email

lunes, 28 de diciembre de 2015


Un café en la lejanía para recobrar la esencia, unas manos que escapan buscando asilo de un subconsciente, que engaña a los sentidos de la racionalidad. Miradas que siguen exhalando deseo: espacio-tiempo nunca es inconveniente en las grandes historias.
Espera en el kilómetro 14800, un coche que rezuma vaho esperando enfriarse a la sintonia de otro tipo de incendios. Incendios que no saben de reglas confusas: dejarse llevar suena demasiado bien. 
Los minutos elevan la temperatura de caricias que nunca se convirtieron en nada, mientras el rock de los 70 les devuelve la sonrisa de la casualidad, que a veces es forzada para encontrarse. Camino al refugio, rozarse la piel mientras se devuelven miradas cómplices  en un número impar que no molesta. Altura de más, devorando una carretera que resulta infinita. Sobre todo cuando las ganas de encontrarse se acrecenta por instantes.

 Las llaves que resbalan mientras consiguen estar a salvo de juicios absurdos. El vino y mil confesiones: historias que esbozan sentimientos demasiado novelescos. 
Miradas que derriten glaciares, dedos que arañan pieles que estorban, besos que son infinitos. Delicias hechas en un deseo esperado, que permanece perpetuo y renace de sus cenizas con una mirada. Recuerdos que erizan las pieles más insensibles, gatear entre su cintura, descubrir de nuevo cada recodo, palpar sensaciones. 
Se follan el alma, eso es lo que les pasa. En cada nuevo descubrimiento un nuevo sabor. Adictos a exprimir sensaciones, sensibilidad no común en personas corrientes. La frialdad todavía es capaz de deshacerse, al menos a veces. Encuentros puntuales que regalan recuerdos eternos.

martes, 17 de noviembre de 2015



Te perseguía con los ojos vendados, como perdida entre tantas noches de insomnio, como cadáver de un preludio a mi muerte, a nuestra muerte. Te perseguía entre los recuerdos y se la jugaba al azar para encontrarme contigo; porque siempre era así hasta que te tuve miedo. Tuve miedo cuando fui consciente de que era libre, al menos a manos de mi ignorancia, de la ignorancia de no verte. Aún así, sentía lo que siente un yonki en pleno instante del mono, sentí esa nostalgia del placer que mata, ese amor profundo que vivía en mi cuando me chutaba la dosis de tu veneno, esa maldita ralla de vida que me la daba y me la quitaba a partes iguales: como el zarandeo de un sonambulista al baile de sus delirios, como ausente pero loca. Excitada por el chute, embriaga por tu esencia. 
Lo necesitaba, pero había aprendido a vivir sin ti, pero joder! todavía lo necesitaba. El puto cristal de tu mirada que me colocaba y me enardecía, el tronar de tu sonrisa; caballo de mis instintos: lluvia de endorfinas multiplicada por mil. 
Por eso no quería encontrarte, por si acaso, la adicción era incurable al encontrarme contigo; por si se me encogía el estomago y quedaban capullos que hicieran renacer mariposas a tu encuentro, por si, por casualidad se salia el corazón o me daba cuenta, de que en realidad, eras tú quien enloquecías mis latidos, de que la droga que me mata es la misma que me da la vida, tan sencillo como eso.

jueves, 12 de noviembre de 2015


Escribe notas sentada en aquella pastelería del barrio de Malasaña, no confía en artificios del azar, pero por primera vez le apetece probar; porque nunca se sabe.  
Da vueltas a la pluma: recopilando ideas mientras está atenta a cada uno de las personas que se sientan a su lado. Piensa en lo que echa de menos un abrazo, sobre todo ahora: en los días malos, en los años feos. Tiene tendencia a huir, como la dulce Valentina, a la que está dándole vida con tinta sobre el papel. La ilusión lleva su nombre; los espacios vacíos los rellena con el tiempo dedicado a la que será su primera historia bonita: si consigue emocionar a una persona sobre la tierra habrá merecido la pena.
En la mesa de en frente un chico con rasgos árabes, bastante simétricos, la mira con detalle; es guapo, y no para de observarla. Tiene un libro entre los dedos, pero ha dejado de prestarle atención. Ella se zarandea el pelo mientras cruza sus piernas un par de veces, haciéndolas danzar intencionadamente, luciendo transparencias con medias de topitos y los zapatos oxford que a él tanto le gustaban. Se pasea la pluma entre los labios; juguetona. Él la mira; sonríe. Ella le devuelve la sonrisa: tímida pero con picardía: como avecinando tormentas y lo mucho que le gustan, a pesar de todo.

"Valentina no me tientes... No me tientes." Pero es que Valentina y la que le está creando su historia no saben vivir de otra manera. Así se convence la que escribe, así lo ha hecho siempre, y así ha forjado todas las historias bonitas que conoce. Así, dejándose llevar, tentándose a menudo y follándose la vida. Porque el placer y el sufrimiento van de la misma mano, y siempre, casi siempre ha merecido la pena. 


domingo, 25 de octubre de 2015

Carta de Valentina para Mateo.



"Llámame ángel; como cuando sale de dentro y regalas amor en forma de palabras.
No dejes que me escurra entre tus dedos como si fuese mantequilla, es un truco de mi subconsciente para escaparme cuando no quiero. Abrázame fuerte, hasta romperme los miedos;  se me pasará todo.
Tráeme noches de insomnio, pero del bonito, del que quiero que sea agarrada a ti follándonos sin control.
No me traigas noches de insomnio, de discusiones a medias, de preocupaciones enteras, de un me voy a dormir sin decirte que si mañana no estás a mi lado puedo morirme de pena. No hagas eso, porque ya he muerto una vez por ello.
Házmelo fácil, me cansé del hoy te toca a ti; mañana ya veremos. Interesarte por mis mundos como si fueran los tuyos, solo porque para mi son importantes.
Hacer de dos caminos paralelos, la abstracción de uno solo.
Quiéreme un poco más cada día, aunque coma deprisa, aunque sea un desastre, y empuje el dentífrico desde la mitad del envase. Aunque me pierda a veces y llore sin sentido algunos días. Quiéreme siempre porque tres mil polvos ajenos jamás compensarán un beso nuestro.
Allí, perdidos, en aquél rinconcito donde nos unimos para siempre"

Y así le sello la puerta de su casa, y quizás también el alma, la dulce Valentina.


martes, 20 de octubre de 2015


Ha escuchado mentiras bonitas.
Mentiras de esas que por un instante acaba creyendo, que de nuevo le dejan dar un pasito "al venga va, que te sigo un poquito".
Mentiras bonitas. Lo juro. Tocan el corazón, te dilatan las pupilas, te dicen "oye, venga, quédate un ratito más; que me sientas bien al frío..." 
Mentiras que miman, que envuelven y engatusan. Mentiras que son distintas; que no cargan halagos vanidosos, detalles que describen a la persona, sin darle forma.
A este tipo de mentiras le enloquece la locura. Y alguien que aprecia tanto la demencia tiene un punto de cordura que acerca a Valentina al dulce delirio de pensarle; aunque sea un poco.
¡Ay Valentina, dónde te metes!- Se dice así misma a menudo.
Desde hace un tiempo está tan perdida entre sus sueños; es tan libre, que casi da miedo.
Dice que por primera vez, lo que realmente le aterra es bajar el vuelo. Es tan libre Valentina, que se excita entre el baile de sus alas. Su perdición es la pasión que lleva dentro; eso y que a veces muerde y no se aguanta.
Muerde porque esta hecha de locura, de pasiones y se deja llevar. Entonces puede que baje el vuelo un poquito, nunca se lo tengas en cuenta. Valentina vuela porque se siente a gusto en libertad; por eso y porque muchas veces sintió el vacío de la caída al arañar sus alas, al rajarle el alma.

sábado, 10 de octubre de 2015

El preámbulo.


Ojea los libros apilados entre las estanterías. Ese rincón de Madrid cargado de gente joven que ilustra distintos estereotipos actuales.
Pide un café solo, que deja con mimo sobre una de las mesas de la esquina. Lleva un abrigo largo que cubre parte de sus rodillas, delata elegancia; a pesar de ir encogido por el frío. Pinta alguna cana, puede que cargue con más de treinta y tres historias sobre sus hombros. 

Es de esos seres que irradian; que esconde mucho más tras un rostro magnético. Esconde delirios,  lee poesía y escucha Joy Division. Sabes que él es de rock, pero un día te sorprende por casualidad; te coge de las manos, y baila salsa contigo en un garito de moda de la capital. Ha leído a Cortazar y sin ninguna duda acumula libros en la mesita de noche. Le gusta el cine, y jamás te dirá que no a una de Woody Allen, aunque avecinen truenos y tormentas. Recorreréis París, New York, la Selva Negra o puede que Europa en una furgoneta Wolskwagen de esas que tanto os gustan. Un día aparecerá con las entradas del próximo festival de Rock y haréis preámbulo de ese fin de semana repletos de mierda, quizás también de alcohol, mientras os devoráis a besos.

Solo lleva un casco en la oreja derecha y en el brazo contrario sostiene Crimen y Castigo, también algo más nuevo de Houellebecq. Esta lloviendo, debe estar escuchando algo de Nina Simone, quizás a Coltrane o al gigante B B King.

Ahora mira a dos chicas que escrutan con cuidado cada una de las estanterías, las mira y las sonríe con picardía. Y yo pienso que esperaré aquella sonrisa la próxima vez, puede que en alguna de esas librerías cafetería de Madrid. 
Algún día nos cruzaremos señor, quizás mientras cotilleo las páginas de "partículas elementales", y doy un sorbito a un capuchino resguardándome de la tormenta, con el pelo empapado. Quizás me sonrías y encuentres que yo te la devuelva. Te atreves a preguntarme si tengo mucho frío y cosas así. Preámbulo de nuestra historia. Algún día.

viernes, 9 de octubre de 2015


Suena algo de los setenta mientras el azar les recuerda que el tiempo solo les concede treguas. Ellos solo sonríen. Sonríen porque saben bien que son dos almas destinadas a encontrarse. Encontrarse o  buscarse entre los recodos de la libertad que les premia con regalos como los de aquél día. Se huyen como lo hace el raciocinio, pero se buscan, se buscan como lo hacen los kamikazes que saben que un instante juntos compensa los trescientos polvos de otros. Les resulta curioso que se encuentren entre susurros, como si los años fueran un ayer, como si hubiesen mantenido una conexión sin mensajes. Como en aquellas historias donde todavía existía el romanticismo. 

Llueve, después de tanto tiempo. Culpan al azar, que ahora no les tortura: solo les recuerda que se sintieron héroes y que eso compensa las heridas, las heridas y los putos cañonazos que arrastran en los costados. Y deciden mojarse, porque esas almas se mojan ¿sabéis? Se mojan aunque vivan acojonadas, se mojan y sienten a grandes niveles. Son como estrellas, estrellas que brillan: que irradian toda la luz que tienen para entregarse, entregarse hasta morir. Morir para convertirse en eternas.

domingo, 4 de octubre de 2015



Dicen que la inspiración ha perdido su musa, aunque yo sigo ofreciéndole mi locura en cada esquina.
Dicen que las historias se han quedado huérfanas de tanto pensarlas y yo mientras les ofrezco un asilo entre tanto desorden mental.
Deudora de mil sueños que se hacen hueco entre cartones, esperando ser fruto de mejores historias. No dejar que los golpes nos dejen secuelas: reforzar el estigma y convertirlo en leyenda.

Ya no creemos en el karma; las cosas difíciles ponen la zancadilla y nosotros le ponemos las alas; o saludamos al enemigo como lo hacían los ingleses en la guerra de los cien años, les mostramos el corazón para que sepan que jamás podrán arrancárnoslo.

Nos hemos hecho titanes de una sociedad que aplaude corderos. Los residuos que el miedo ha provocado en años de tiranía, para que otros nos vendan. La cobardía que levanta jaulas de estabilidad para que no volemos, ni pensemos, ni aspiremos, ni reclamemos lo que nos pertenece. Y somos pocos, pero aún así os bañaremos de sonrisas porque podrán quitarnos todo, todo menos la revolución y la ganas que mueven nuestros instintos.

Sabed que hay gente que está hecha de sueños, de conocimiento, de ganas de pensar y de Vida. Sabed que hay un mundo dispuesto a ofrecernos nuevas oportunidades, y que las utopías se construyen a base de hostias. Porque nunca nadie dijo que tocar quimeras con la punta de los dedos fuese a ser fácil, y nosotros, al menos, todavía creemos que podemos hacerlo.

domingo, 20 de septiembre de 2015



Pasaron años desde aquel adiós y decidí que estaba curada; que quería ver de nuevo aquellos zapatos. Volver a reflejar mis recuerdos ante aquel escaparate sin miedo a que los años y tanto dolor hubiesen matado mi amor por aquellos recuerdos. Así que caminaba distraída por aquella avenida concurrida, maltratando mi espalda con el peso de los libros que jamás dejaba en casa, y me tope sin darme cuenta con la tienda de la esquina donde nos parábamos dados de la mano. Tú te embobabas con los zapatos de corte inglés, esos que decías te comprarías algún día. Yo, con la ilusión de tu mirada mientras te imaginabas con ellos puestos.

Me paré de bruces ante aquella nube de recuerdos en forma de antiguo escaparate. Observé los cambios, y pensé que esos zapatos no te gustarían, quizás ya no volverías a mirarlos igual.

Un perfume me abrió los ojos más de la cuenta, no podrías ser tú, después de tantos años. Pero el olor invadía mis sentidos, quizás era la sombra de tu recuerdo que torturaba de manera inconsciente nuestra historia . Te maldigo en silencio, y aborrezco por un momento hasta los momentos de extrema felicidad, porque aún hoy me recordaban que eso se escribía con la pluma del pasado. Seguías acosando mis delirios y yo que me creía fuerte, me derrumbo y tiemblo mientras giro para emprender de nuevo mi camino.

Al girar me cruzo contigo, y esta vez no me traicionan los delirios, ni los recuerdos. El perfume eras tú pegado a mi espalda y me encuentro de golpe con tu presencia. Me miras de la misma manera en la que años atrás observabas aquellos zapatos. Me miras y sonríes. Sonries y tiemblas.

Hay historias que viven eternas, a pesar de todo...

domingo, 6 de septiembre de 2015



Maldita mirada la tuya , maldita tú que te vistes de ángel hasta que te desnudas al calor de la noche; sólo para algún privilegiado que olvido que no se debe jugar con la esencia, porque deja el perfume inmortal para siempre en el recuerdo. Tú que mantienes veneno y divinidad en el mismo frasco. Tú que has grabado tus encantos en mis pupilas y ahora estoy ciego, ciego porque solo te veré a ti maldita.

Emborracharme de Jack Daniels al placer de tus encantos, mientras te muerdes el labio y yo enloquezco un poco más. Llévame hasta tus heridas, esas que han cerrado tu corazón para siempre. Quiero ver como es posible deshacerse de tanta locura, asesinar tanta belleza. Regalarme tus instintos, los que no se ven, los que escondes mientras serpenteas tu cintura torturando las distancias. Acaríciame los labios con tu lengua juguetona. Dame de esa saliva que sabe a inocencia y astucia. Dame de ella y no me mires así. Deja de mirarme así porque mañana tendré cada imagen perenne en mi memoria. Como el sin vivir de tus labios, como el tacto de tus dedos y ese contoneo de caderas que se alejan mientras me sonríes picarona. 
Me sonríes mientras aprietas el tacto de tu falda. Y desapareces, como la noche en que te quitaste las alas. 

Será nuestro secreto, mirada de ángel.

lunes, 31 de agosto de 2015



París se mimetizo con nosotras, nos revolcó las almas, nos devolvió quimeras desterradas. Ellos, nos desnudaban con la mirada como no se consigue con las manos. Cada estación de metro se convertía en un delirio de sensualidad y nosotras decidimos formar parte. Dejar el halo de nuestro perfume en Lazaro y Ambesse para que no muera, como sus nombres, como el momento. 
La elegancia de gentleman, la caballerosidad que no pide nada a cambio, solo su voz. Esa voz que deambulaba por Turquía mientras nos limitaba del peso de camino a casa; para desaparecer después, porque no existía más pretensión que amenizar el camino.
París esconde mucho más que los edificios emblemáticos. París es bonita desde cualquier percepción. Esconde la esencia de Breton, Miller, La Maga, Cortazar, Ernst, Dalí. Esconde surrealismo, elegancia, belleza. 

Los tejados que siempre dan los buenos días de manera bonita. Esas cumbres roídas que aguardan el erotismo de los años que vivieron una liberación anticipada. 

Nos arriesgamos con el Jazz en París y terminamos intercalando idiomas con un barman y ese músico que nos concedía algunas notas de color entre tanto descuadre. 
Tropezamos con un baile de sonrisas en Pigalle, al ras del Moulin Rouge. Ella se desnudo, también por dentro, y se convirtió para siempre en nuestra negrita; nos desvelo sus deseos y compartimos secretos en aquél patio escondido del París de Trópico de Cáncer.

Visitamos a Jim Morrison en Pere Lachaise, a Cortazar en Montparnasse dejando que la emoción hiciera de las suyas. En realidad la ciudad hizo de las suyas de manera casi constante. 
Bailamos de madrugada en nuestra casa en Montmatre, cantamos a Sabina con la copa de vino danzando en el aire. Saltamos con "Girls and Boys" en el silencio de aquél edificio roído por los años, y bailamos. Bailamos rock 'n roll, hasta que terminamos riendo como locas sobre esa cama en un habitáculo de 40 metros cuadrados que no se hacía pequeño, porque no nos faltaba espacio.

Te echo de menos, la echo de menos. Me he abstraído de una realidad que es fea últimamente. He pisado por las mismas calles que caminaron los genios que idolatramos, he llorado de emoción de alegría y de tristeza. He sido feliz: sin lujos, sin excesos, sin verlo todo. Porque hemos vivido París. Ya lo resumió hace años un grande, no lo digo yo, lo dijo Hemingway: París es una fiesta.

domingo, 23 de agosto de 2015

La fidelidad siempre llevará tu nombre



Si pensaba en "la posibilidad" se creaba un nudo en el pecho que me hacía llorar cuando todavía estaba conmigo. Ahora se ha ido, ahora esa angustia vive en mi pecho como el rinconcito de corazón que se ha llevado para siempre. Jamás podrá ser reemplazado. Es suyo, es tuyo, será siempre nuestro. 

A su lado compartí quince años de mi vida, de los que podría dibujar mil y un recuerdos bonitos. Lo único que supo regalarme es felicidad y una lealtad que nunca habría conocido sin él. 
Mil recuerdos que se dibujan y me chillan que no está conmigo. Las noches sin abrazarle y que acabe gruñendo un "¡Qué pesada eres!"en su idioma perruno. Esos reencuentros míos después de nuestros paseos, en los que nos abrazábamos y aprovechaba mi debilidad para pedirme un premio. Las lágrimas y el dolor que calmaba a lametazos como si supiera mucho más de mis necesidades que las personas que me rodeaban. Imposible sentirme sola estando triste a su lado. 

Y se ha ido, mi mejor amigo, se ha ido para siempre dejándome un vacío que no calman ni las lágrimas. 

Se me hace tan difícil que todavía espero que me llame para que le de agua fresquita, espero que raspe la puerta y me desvele por que de madrugada ha decidido que quiere dormir conmigo. Espero que me pida el final de aquella rebanada de pan que terminábamos desayunando juntos. Su espera en la puerta a mi llegada y mi consiguiente caricia que hacía que se estirará de amor entre mis brazos. Tanto me ha regalado, tanto me ha enseñado que me siento en deuda infinita con él. 

Tuve que tomar una decisión, quizás una de la más duras de mi vida hasta el momento. Dejó de ser perro, ya no quería sus premios, ni andar, ni venir a recibirnos y es eso lo que les hace sufrir. Ese no poder ser... Había llegado su momento y estirar la angustia sería el resultado de mi egoísmo por abrazarle un poco más. Quizás lo intuía por que cuando nos vimos, en nuestra despedida, meneaba el rabito como si de repente nada le doliese, nada le pasase, nada para siempre. Nuestra puta despedida, esa que temí todos los años de nuestra vida. 

Y comenzó a dormirse lleno de amor entre mis brazos, no quedarme a su lado habría sido un símbolo más de egoísmo, y él jamás lo habría hecho. Tendría que volar al cielo de los perros con los mil te quieros y besos que procure que se hicieran suyos para siempre, mientras se iba apagando mi por siempre bebe... 
Necesito que permanezca para siempre y esta es una de las tantas maneras que tendré de calmar el dolor que ha dejado al irse. 

Te echo de menos.

Te echaré de menos el resto de mis días.

miércoles, 5 de agosto de 2015


Dice Valentina que de repente escucho un latido, un crujido, un último aliento. ¿Y después? Después nada...
Dice, con la mueca encogida, que se rompió por dentro; el sonido eran las reservas de un corazón podrido de entregarse a una frialdad que, dejaba latente la realidad de su historia. Dicen los que la vieron que en sus ojos podían apreciar la asfixia de un sufrimiento que no se calma con el abrazo de las lágrimas. Valentina se había olvidado del tiempo, incluso del espacio. Y fue el calendario el que acabo por dar la razón a todos aquéllos que reprendieron su inocencia.

Valentina cuenta los minutos de esa madrugada que resulto una eternidad cedida a su muerte. La ansiedad le concedió la vigilia; la tortura de sentir ese dolor mientras el calor de Agosto le permitía exhumar el recuerdo. Repudiar las lágrimas que ya no salen, ya no existen, ya no...

Dicen que sobrevivirá una vez más. Dicen que ha muerto para nacer de nuevo. Dicen que nunca más curará los pedazos, porque son ellos los que la curarán a ella. Un ave fénix.  How to disappear completely.

Valentina y su sensibilidad le dan tres mil hostias a la frialdad de aquéllos que no han cuidado tanta entrega.

Valentina se seco las lágrimas.

Comienza la resurrección.

martes, 21 de julio de 2015



A Valentina le gusta mojarse cuando llueve, cuando suda, cuando folla.
Eleva la voz y no se aguanta, todo en ella está hecho de huracanes, hasta las palabras que salen de su pecho. Le entra la risa en los momentos incorrectos, es entonces cuando comienza a hincharse y necesita huir despavorida porque sino puede reventar ventanas a carcajadas. 

Valentina tiene una sonrisa preciosa  que es la mascara perfecta de su bonita tristeza.

Se pasea desnuda sin mirar las ventanas, ella cree que no hay derecho a que le roben libertad en su propia casa. Olvida que el mundo está hecho de pervertidos que encuentran divertido el balancear de sus pechos, los pervertidos no saben que ella encuentra excitante que como buena musa sólo se quedará en eso, solo se quedarán con eso.

Espera el chico que le recite de memoria las primeras líneas de esa nínfula de Nabokov. 


Valentinaluz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Va-len-ti -na: la punta de la lengua emprende un viaje de tres cuatro pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Va. Len. Ti. Na. 

Valentina es de Maxwell, de Tesla, de Einstein, de Pollock, de Cortázar, de Dalí, de Sabina, de Newton, de Miller, de Erwitt... También será tuya si consigues emocionarla.

Demasiado corazón para tanto capullo. Hay algo que ella no sabe; quizás nunca se entere: son más profundos los recuerdos que ella regala que las heridas que se lleva. El que ha llegado a su corazón, ese, aunque se marche, aunque abandone...  Ese no se cura nunca. 

lunes, 20 de julio de 2015


Caminé las aceras paseando tu nombre y, sin embargo, tuve miedo de tropezarme contigo.
Hacerme invisible                                             después de tanto tiempo. 

Ser consciente de que jamás tus pasos llevaron ninguna de mis iniciales. 
Hacerme nube de humo y dejar de ser.
Dejar de ser, por remover lo que fui.

Mis pasos aquí llevan tus letras, siempre cuando camino en tierras prohibidos. Cuando rehuyo de mi desentierro por otras obligaciones, entonces aparecen. Entonces apareces. 
Causante de tantos diluvios. Diluvios que solo regaron odio y a mis mejillas. 
-Te odio -murmullo.
Murmullo algo mucho peor.
Murmullo mientras los pasos tararean otra canción.

Y te odio.
Y te .

sábado, 18 de julio de 2015


Por un instante viajo a esa mañana en que me abrazabas entre sábanas blancas después de la oportunidad. El infinito se convertía en un instante fijo donde me mirabas como si nos hubieran separado tres mil amaneceres. Como si cada día sin tocar mi piel hubiera resultado un infierno. No necesité ni una sola palabra para saber que todo era suficiente.

Después llego todo lo demás, y entonces yo volvía a sentirme entre los vaivenes de la desesperación y una asfixia casi inerte que consumía mis ganas y me obligaba a considerarme un capricho entre tus brazos. Y entonces nada más me hizo pensar lo contrario porque te fuiste; yo solo tuve que abrir la puerta.

Ni mi boquita rebelde. Ni mis latidos exagerados. Ni mis ataques sinceros, ni todo el jodido mundo que te regalaba fue.
Porque nunca volví a verte.
Esa es la verdad.
Esa es la puta verdad.

viernes, 3 de julio de 2015


Fui una kamikaze de todos los contigo. Me creí los halagos. Me emborrache de mentiras.
Sigo con la resaca de una desilusión que me ha devorado las ganas que no sean conmigo.
Perdí muchas historias buscando tus ojos, esos que no veían lo importante porque estaban ciegos de ego. Alguien me enseño que aunque entregues el alma sólo vale aquéllo que se ve. Aquello que queda latente en una imagen imperecedera y que pueda comentar el mundo; eso vale más que lo abstracto que te regalaba con cada mirada. Todas esas que jamás aprovechaste, todas las que te perdiste, todas las que se murieron. Se murieron como un trocito de mi entrega, que no siente, no late, está muerta.

Aprendí a estar sola estando contigo. Me salvaste de muchas lagrimas, me hiciste tan fuerte que casi no siento. Gracias, por convertir todo mi amor en esta mierda. Gracias.


lunes, 15 de junio de 2015


Abrir las alas, despegar el vuelo. Sonrisas salvajes, dedos ligeros que toquetean almas sinceras con la intranquilidad de una virgen. Relevancias ficticias. No quiero falsos egos venidos a más. Prefiero leer en Madrid, mientras escucho que el mundo se para en mi historia al borde de La Gran Vía. No quiero hombres esculpidos en yeso que creen que ser un Adonis les da el poder de controlarlo todo; no quiero falsa galantería que dura lo que dura ganarse un corazón. Después te devoran el órgano entregado, para no dejar nada. Son caníbales que saborean las lágrimas de su derrota, las saborean mientras sonríen y desaparecen dejando un ser bañado en tristeza. 

No quiero cobardía que ande por la vida con miedo a sentir demasiado y romperse, seres que viven en jaulas de cristal que engañan con tranquilidad la esencia de un latido. No quiero el egoísmo que aplaca el dulce baile de una aventura. 

No es una relación imperecedera, es una historia que no te deje vacía: con la terrible sensación de que todo a penas mereció la pena. 
Historias bonitas. 
Finales que no son finales porque siempre esperas.

Esa debería ser la vida. Amor por lo que uno hace: entrega y constante evolución de uno mismo lejos de la banalidad, lejos de Narciso. Un querer sano, que no se centre en el egoísmo de una sociedad que prefiere consumir segundos mirando pantallas de iPhone en lugar de los ojos de quien ama.

Ella me ha recordado lo que debería ser el amor. Que te quieran por los gestos diarios que te regalan la unicidad ante el mundo. Un cuchillo mal colocado que vencerá la acción de la gravedad cayendo torpemente al suelo, mancharse a menudo mientras disfrutas un helado de chocolate, los arranques revolucionarios y la capacidad de llorar con el dolor ajeno. Que te quieran no porque eres bonita, no porque eres inteligente. Que te quieran por tus nervios, tus inseguridades, tus cabreos momentáneos, tus abrazos caprichosos, el lunar feo que tienes en la mandíbula. Que te quieran bailando como si nadie te viese, borracha, sin limites, con ellos. Que te quieran feliz, que te amen triste. Que te quieran mientras te rebozas en el suelo con aquél animal que sí aprecia tu dulce locura. Que te quieran por todo aquello que te hace ser tú. Eso debería ser amor. 

Amor que te permita ser, con el que solo hagas más grande lo que ya en esencia conforma tu propia felicidad.

domingo, 14 de junio de 2015



Alma . Mucha alma.
Alma repleta de cicatrices, magulladuras con heridas que él decidió (por capricho) abrir de nuevo. Abrir para escupir y dejar una infección imperecedera, una cicatriz de corazón a corazón. Ese alma... Un capricho. Mientras él sigue sin sentir demasiado, en su vida sin sobresaltos: pensar de más, sentir de menos. 


Alma esculpida de arañazos. Hecha de sueños, de incertidumbre, de miedos. 
Alma mucha alma. Demasiada para ti. 

Imperfección que no quisiste apreciar. Imperfección molesta que no quisiste abrazar para siempre. 
Besos a la nada.

Sentimientos al vacío.
Alma que vuela alto y que nunca bajará el vuelo.

Demasiado libre, demasiado limpia, demasiado...

domingo, 7 de junio de 2015


Tengo ganas de un principio, y puede que el momento sea ahora, entre tanto caos.
Tengo ganas de crearlo. De resucitar tanta quimera. De darle vida a tanto sueño.

El verano me devuelve algo de ese yo, que se queda hibernando en meses fríos. Esos meses que a veces congelan peores historias que las que idealice algún día, puede que contigo.

Las palabras hacen cola; esperando ser libres de tan poco tiempo y tantas ganas. Los sentimientos piden vez. Los días son más largos, las noches apetecen.

Me gusta que me busques, que no me digas nada, pero me busques. Somos anhelos, fragmentos sobre puntos suspensivos. Labios que siempre tienen sed, siempre. Somos acordes de Strawberry Fields Forever en una habitación desordenada, dos copas de vino. Puede que sólo sea una.

Me apetece escribir. El comienzo de tanto delirio sin orden. Ilusión infinita. Tiene que ser ya.
Historias que anhelan ser escritas.
Piel programada para describir sensaciones.
Dedos deseosos de lidiar con consciente, subconsciente, pluma.
Labios que besan palabras, que salivan dulzura, que esperan batallas: la de tus latidos, el desorden de las historias, el gemir que sale de su boca. Beso contra beso.


martes, 2 de junio de 2015



La soledad, esa amiga inanimada. Estado anímico necesario; que te ata a tus mil destrezas, te hunde en tu subconsciente y te regala una descripción de tu singularidad. Una condición impuesta a tanto gentío y tan pocas personas, tanta cantidad sin apetito, tanto te quiero sin quererte.
Desvelarse en mitad de la noche, esperando algo que llegas a determinar qué es: esa necesidad de la no soledad y a la vez, ese aferramiento a su no necesidad. 
Resultado quizás de haberte cortado las alas demasiadas veces; cortarlas para impulsar otras que volaron dejándote en tierra, puede que solo se te olvidará alzar el vuelo. Caminas a contracorriente y el Nietzsche que vive entre tus latidos está ligeramente enfadado con tu revolución no revolucionario con tu putrefacción de la esencia, con tu conformidad ante la costumbre. 
Tú, mi gran desconocido, prohíbido cederte mis segundos: tick, tack.
Él, mi debilidad despreciada.
Esos, mis sueños en estado de coma.
Ellos, mi vuelta a la paranoia de la realidad automatizada.


Aquél balcón del centro: químicos, revolucionarios, genialidad.
Esa historia de amor que me hace confiar de nuevo en las historias bonitas.
Ella, mi princesa. Aquélla que delira a mi lado con el  Bosón de Higgs , Oliveira, y lo espectacular que es esa Malena que tiene nombre de tango y que tanto le recuerda a nosotras (eso dice ella, y yo me la creo). Tengo ganas de desnudarla. 
Nuestros cuadros de Jim Morrison, Avedon o Helmut Newton.
"All Along the Watchtower" un jueves a las 21h, mientras bebemos vino.
En el resto de casas suena la tele. Nosotras puede que nos rindamos al jazz.
Escribir.
Bailar.
Su guitarra y ella convirtiendo sus dedos en pinceles que dibujan música.
Sí, todo esto compensa mis delirios. 

Dejar de estar para ser. Ser tú: por ti, por ti, por ti.

sábado, 23 de mayo de 2015




Hoy soñé contigo.
No recuerdo el qué, solo sé que soñé.
Soñé bajito, como a escondidas y sin dejarme llevar demasiado, he comenzado a traicionar a mi subconsciente.
He buscado respuestas. He parado de buscarlas.
He mirado al espejo y he sonreído mientras lloraba. Sonreía por mi entereza, mi amor propio. Lloraba porque mi lucha no mereció la pena (no ahora).
Echo de menos caricias. Casi las prefiero con la voz.
Quizás en mi sueño era así.
Quizás follabamos.
No lo sé.
Sólo sé que soñé contigo y que no pude dormir más,
Sólo sé que, no sé si me apetece soñarte pero tengo unas ganas locas de caricias hechas de voz.
Orgasmos; también de palabras.
Historias, como hechas en sueños.

domingo, 17 de mayo de 2015

Zambullirme en la eternidad de un recuerdo bonito, aunque fuese el causante de sentimientos atrapados en la parte superior del estómago.
Me gusta observar los tejados de la capital, gatear entre ellos y reír de miedo. Siempre con vértigo, y sin embargo tan adicta al zarandeo de sus alturas. Escuchar a los químicos que construyen cúpulas para observar las estrellas, hacer de una bolsa que danza entre las nubes una estrella fugaz y que me describan con pasión el jardín de las delicias. Ese abogado que adora sus mundos utópicos, y de cada detalle dibuja el camino de su revolución. La genialidad hecha en persona: sensibilidad pasión y cultura. Almas que nacieron para encontrarse y fundirse.

Y ella. No hay palabras, créanme . 

Las dos. Madrid. Mi admiración ante tanto derroche de pasión por las cosas no banales. Dicen que solo la genialidad tiene la sensibilidad de apreciar la genialidad. Ella dice que hay un alma apasionada para mi. Yo no sé si es así y ni siquiera sé si lo necesito (quiero) ahora mismo. Ya la tengo a ella y explosionamos juntas entre tanta maravilla. Reímos con el químico, nos enamoramos de revolución y descubrimos la cultura y pasión que vive en ese ser.  

Solo almas que estallen y nos hagan estallar; así, como una estrella fugaz, así hasta nuestra eternidad.


miércoles, 6 de mayo de 2015



Hace tiempo prometí no regalarte el tiempo que para ti resultaba un esfuerzo; hace tiempo prometí no darte más de mi subconsciente, ni de mi consciente, ni de mis sueños. Hoy fui débil, hoy te pensé en aquel vagón camino a casa. Pensé si alguna vez valorarías mis segundos despreciados como enardecías los tuyos no cedidos.

Entonces abro Rayuela: esa joya hecha libro que un día escribió un genio y que hoy leemos a la par dos raras hechas de una sensibilidad ignorada por los tontos. Y lo que es una delicia se convierte en un placer mientras compartimos páginas de camino a casa, y compruebo que existen personas con esa capacidad de expresar, de sentir, de deleitar los simple, de hacer enorme la sencillez. Y pienso que no es justo que llore por quien no ha deseado por encima de su orgullo abrazarme de nuevo hasta destruir de un plumazo rastrojos de flaquezas. Y pienso que he conocido la peculiaridad, que me he enamorado hasta sentir que podía morir de felicidad, que casi he llorado haciendo el amor (aunque haya quien jamás se diera cuenta). Y me acuerdo de la noche vivida hace dos semanas al lado de ella, y de ellos con los que hablamos de Nadja, de Paris y del Universo... Perdimos la cabeza a manos de lo que eriza la piel. Esos amigos que abracé tras una noche de rock en Malasaña, con la certeza de que da igual el tiempo, da igual el espacio. Da igual.

Desde esa noche, todo es un poco más bonito.

Y pienso en ella de nuevo; mientras escribo uno de los pocos whatsapp del día (y qué feliz me siento de no necesitar más). Una semana fea da un cambio radical mientras compartimos un corto, las letras bonitas que solo escribe la inteligencia hecha sensibilidad: mis únicas esperanzas.

Ahora solo quiero Paris contigo. Las dos y esos tejados roídos y llenos de historias, ese barrio de artistas y escritores, el Jazz de Julio acompañando nuestro viaje. Mucho café, vino, y pies descalzos. Hacer historias bonitas: breves o sin fin, pero eternas.

Tú y yo.

martes, 28 de abril de 2015


Hay historias de amor fundiéndose en cada parque; hay parejas que mueren a manos de la costumbre. Existe quien sueña despacio, quien muere ante la frialdad del asfalto, quien abandona deseos por amor a convencionalismos.
Yo espero mi momento. A veces se me olvida que, a menudo nunca fue demasiado si era por cerrar los ojos y tenerlo claro: las piruetas están haciendo de las suyas.
Sigo llorando a ratos, sonriendo casi siempre  y no es difícil que se me erice la piel una vez por semana, incluso varias veces al día. La revolución me arde las entrañas ante mis mundos ilógicos; ante los demonios de una sociedad corrompida. 
Te voy a confesar que todavía te lloro, y que al menos te pienso una vez al día. Es difícil no hacerlo cuando has tocado el cielo y el infierno con la punta de los dedos. 
Me gusta imaginar historias en los ojos de otros, que corren sin vida en ciudades opacas. 
Me gusta roer mis mundos imaginarios y hacerlos al papel, inmortales a mi frágil memoria.
Me gusta oler las páginas de un libro, por eso mi bolso siempre pesa kilos de poesía y literatura. Nunca un dolor de espalda fue tan placentero.
Quizás escriba sobre todas mis peculiaridades, mis delirios pasados, las dulces y magnificas casualidades de mi vida...
Puede que no me resista a vivir entre bares, escribir sobre un desconocido, verter lágrimas en un fragmento para ti... 
La soledad se me resiste y las cadenas me ahogan, pero no sé vivir sin aferrarme al instinto.Ser una folla-almas es un concepto precioso, y puede que, no sepa vivir de otra manera.

sábado, 25 de abril de 2015

Es sábado, el primero desde hace mucho que lo gozo en casa. Casi sola y con una lista del Jot down que sólo podía recomendarme una de esas personas que molan sin saberlo. Me he hecho un té y he decidido que la ventana me gusta más hasta arriba, porque me gusta ver llover y porque me da bastante igual quien me observe desde el piso de en frente. No he parado en todo el día (básicamente como a mi me gusta), sin embargo desde ayer había un huracán algo jodido revoloteando en mis vísceras, haciendo la zancadilla a mi estabilidad emocional.

Con ella es fácil, lo ha sido. Ha calmado con temple mis soldaditos revolucionarios, mis miedos y arranques dogmáticos, mis sentimientos truncados. Los ha equilibrado de un plumazo recordándome que, a veces, no pasa nada por sentir demasiado, que es natural sudar justicia.  He recordado que prefiero llenarme de heridas nadando a contracorriente porque estoy segura de que compensa, compensa sentir el triple porque vibramos. Nos emocionamos como muchos no lo han hecho en su puta vida. ¡Ay malditos! Eso compensa aunque lleves el alma repleto de magulladuras. Compensa siempre.

Por personas como tú, princesa, la vida es bonita.

miércoles, 15 de abril de 2015

Historias en una botella


Tus desconfianzas,
tus celos y reproches.

Tus mentiras encubiertas,
mis verdaderas maltratadas de incredibilidad.

Sólo desconfiabas de tu imagen en el espejo.
de tus mensajes encubiertos, 
de tus escondites secretos,
de todo eso que considerabas mio también.

Mis viajes al infinito eran demasiado ciertos.
Mis confesiones reales.
Mis ideas, inocentes.
Mis caricias sinceras...

Fue culpa mía por no dudar de tus dudas.
En tanta sencillez estaba la respuesta,
justo desde el principio, 
Cuando me cubrí de ingenuidad,
exactamente como siempre,
exactamente como ahora.

Próxima Centauri se te quedaba largo,
tú no tienes la culpa.
Ahora lo sé.

sábado, 4 de abril de 2015


Como me gustaba serpentear tus labios con la punta de mi lengua juguetona. Lamer tus dedos; así, con los ojos cerrados y despacito, que para amarnos nunca teníamos prisa. Como me gustaba alinear tus lunares, morderte las ansias y colgarme con arañazos al limite de los orgasmos. Como me gustaba escribirte y que me leyeras, desearte y que te dieras cuenta; los abrazos de primera hora con los ojos aún dormidos. Como me gustaba maldecirte y adorarte, las noches de verano con aquél capo como colchón.

Bailarina entre mis delirios, deditos frágiles de mantequilla, mártir de mis ensoñaciones, desastre repetitivo, revolucionaría de palabra, revolucionaría de pacotilla, llorona de las injusticias. Incapaz de sostenerme entre la frialdad de tanta realidad, o incapaces ellos de sostener tanta locura, aunque sea dulce, lírica y divertida, pero a veces, sólo a veces todo nunca es suficiente, menos es mejor, o lo que era demasiado resultaba insuficiente, quizás solo dependía de una cosa: de los latidos de un corazón.

jueves, 2 de abril de 2015



Me di la vuelta por si acaso te dabas cuenta de cuanto te quería, quizás de cuanto me querías.
Me fui por si acaso comprendías que un poco de equilibrio merecía todas las batallas; que 53 kilos de hueso y toneladas de sentimiento compensaban de una tirada un poco de esfuerzo.
Me marché esperando que me echarás de menos; esperando que comprendieras que un poco de más solo servía para pulir tanto de menos.
Me despedí por si de repente soñabas con todo lo que nos quedaba por hacernos, por querernos, por cuidarnos y descubrirnos; y te dejé las puertas abiertas, el corazón en espera, las maletas vacías (mientras se pudren de tanto esperar).

Pero me di la vuelta y no apareciste, no me echaste de menos, no has valorado que te diese todo, es más, nunca lo has querido. Estoy cansada de esperar que vuelvas, que valores todo aquéllo que te he dado, porque ahora sé que no las hecho. Ante eso, lo único que puedo debo hacer es quererme, por ti que no supiste quisiste hacerlo.

Te quise y te quiero, pero no me mereces, y esto, no me lo merezco.

Quizás algún día te acuerdes de esa nube de cafeína y sentimiento, que te quiso con locura. 

Yo ya me rindo.

sábado, 21 de marzo de 2015



He pensado que no debo ceder eternidades a quien ya regale infinitos. 
No debo regalar mis sueños a quien es capaz de dormir sabiendo que, al abrir los ojos, estará lejos del olor de mi piel, el tacto de mi cuerpo, follar hasta hartarnos de no poder seguir haciéndolo
He pensado que me debo a mi misma mucho más; con un te echo de menos juro que hubiera bastado. 
He pensado que mi dedicación no ha servido para nada, que mis abrazos se han quedado amargos, que mis besos han sabido a poco: intoxicados de tanto esperar. 
He pensado que un día me pensarás y puede que te arrepientas, puede que entonces, te des cuenta. 
He pensado que, yo  te quise, que te quiero y te querré; pero que al irme no dijiste nada, al pelearte no me luchaste, al separarme no te asustaste y entonces me doy cuenta de que hice lo que debía, porque yo y mis ganas jamás supusieron un esfuerzo. 
He entendido que yo levitaba hacía la luna, mientras tú decidías estancarte sobre la tierra, con los pies clavados entre tu ego y tus miedos, incapaces de moverse ni cuando te lloraba y te decía adiós


martes, 17 de marzo de 2015


Soñar esta sobrevalorado. Deambular entre idealizaciones, imposibles, demencias...
Soñé contigo, y te dejé pasar. 
Soñé con tu sonrisa, y dejé que me acariciará; así despacio, dibujando círculos al ras de mi cordura.
Soñé con tu demencia, y dejé que sin apreciarla me contagiase de locura.

Tantas veces te soñé y desperté de mi sueño que sufrí leves periodos de insomnio sentimental; mientras yo, y mi absurda manía de no rendirme me obligaban a seguir soñando.

Y desperté y entonces dejé de soñar y comencé a vivir. Comencé a rogar aunque no se me da bien...
Y pensé que eso nada tenía que ver con mi sueño; y pensé que desear a ritmos distintos no debe ser sano, y recordé que yo viajaba a la luna en aviones de papel: sola, sin compañero de viaje. Entonces supe que me estaba perdiendo entre tanto querer, me dí cuenta de que perdía la orientación del cometa mientras esperaba sobre la tierra.

Soñar esta infravalorado. Deambular entre idealizaciones, imposibles y demencias.
Porque mientras otros se conforman yo vivo.
Me fumo mis días, devoro mis ansias, peleo imposibles.
Porque un día, un imposible se hará realidad.
Un día puede, que alguien viaje conmigo a la luna y cometamos alunizajes sentimentales (o puede que no). Mientras no se cuestionan las ganas y se vive al son del ritmo cardíaco. Mientras los sueños sufren simbiosis y dejan de soñar, para comenzar a ser.


lunes, 26 de enero de 2015



Dices que me estás esperando en el piso 33.
Yo no sé muy bien si estaré a tiempo; tampoco estoy segura de si quiero estarlo,
¿Sabes? a veces te tengo miedo. Es que no sé muy bien que esperas de mi. He dejado de entender este juego al que hace tiempo te dije que no pondría peros; he dejado de entender el juego que yo misma inventé. Las reglas que impuse se han convertido en mis enemigas; lo que iban a ser santuarios se han convertido en cárceles. 
Yo que resultaba casi indestructible: acompañada del taconeo que me brindaban esos diez centímetros de más; también de estatura.
Ahora soy débil... mucho. Sobre todo cuando me miras, y me sonríes, y creo que el mundo tiene sentido solo por aquéllo ¡joder!  Y entonces te odio, te deseo y te algo más que no me atrevo a decirte... 

¿Sabes lo peor de todo?, que a las diez estaré puntual en el piso 33.
Que volveré a verte y seguiré jugando
Que no te diré nada por miedo a que este juego se acabe.
Aunque pierda un poco de mi en cada partida, porque puede que gane un poco de ti en cada jugada.

martes, 6 de enero de 2015



Puede que el mundo esté loco, y yo demasiado cuerda para no saber amarlo. Esta maldita demencia que a veces me ata a un mundo del que no comprendo tanta superficialidad, y donde existe tan poco amor (menos en Navidad). Espero guillotinas a mi nombre y me uno a las filas de fusilamiento; porque a veces no soporto tanta hipocresía y me siento incapaz de armas cañones contra todo lo demás. Porque existió un instante en el que se me olvidó esperarte, porque perdono yo menos todos, y me atiborro de dramatismo en forma de gente que ha olvidado en que consiste ser persona. Escuchen más, comprendan mejor, olviden antes. A mi hoy se me ha olvidado como hacerlo; tendré que emborracharme de creatividad: es lo único que hace constante mis latidos. Sólo en momentos de euforia: cuando no comprendo el mundo que es incapaz de comprenderme.
No es fácil cabalgar con tanta sensibilidad en este mundo lunático...