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sábado, 13 de diciembre de 2014


Intento resguardar mis recuerdos del frío. Puede que diciembre me este resultando demasiado largo, o puede que a millares de distancia la claridad este matando mi perspectiva. Ya no existe el infinito al pronunciar las iniciales, y las páginas de la historia solo devuelven el hedor de la realidad. Los abrazos también existen entre dos personas y un océano: existen en la emoción que se refleja en la voz cuando aún teniéndolo todo no la tienes a ella; pero tienes que querer escuchar la voz. Me baño en dulzura,  y sin embargo, se pone en duda la confianza cuando se desprende transparencia. Las malas palabras no se disculpan y el cariño solo existe a un lado; sin embargo prometo sonrisas regalando la empatia que tan pocas veces he recibido. Los te necesito mueren a manos de la soledad, o del orgullo, o de la no necesidad.  Y mis palabras se evaden en el aleteo de los pájaros que a veces pierden el sentido de la orientación, porque dejan de ser y no quieren escuchar.
Aquí huele a lluvia y a café quemado. El carbón de mis lapices irradia fuego mientras desahogo mi ignorancia en trazos sobre el papel. La delicadeza exhala ideas y frases; sueños y anhelos.
Mis rarezas están hechas de nostalgia, de una sensibilidad pocas veces apreciada y muchas veces discutida. Perder la pureza por creer que no la tienes.

domingo, 7 de diciembre de 2014



Existen bocas que emanan pureza, que salivan dulzura : mordiscos de frutas frescas al cálido aire de agosto. Existen quienes no temen las miradas ajenas y se dejan llevar; aquéllos que saltan los charcos de abril con la misma intensidad con la que lo hacen en noviembre. Los que recrean la calidez del verano sobre el frío intenso de diciembre y no se amedrentan ante el intenso amargor de un café caliente las noches de julio.
Existen quienes se emocionan en un abrazo o al escuchar la rasgada guitarra de ese Hendrix, que en vez de dedos tenía alas con las que  evadirse para siempre en el infinito. Existen quienes además, plasman sus ideas en dibujos que salen del papel, que tienen vida o la acaban teniendo: porque lo importante es dejarse la piel en lo que uno ama y es entonces cuando las peculiaridades cobran sentido, cuando la costumbre deja de serlo y se convierte en vida. Es entonces cuando las horas parecen viajar a la velocidad de la luz y los días dejan de ser losas para tornarse en delicias hechas en segundos.
Existen quienes deciden desnudarse ante el miedo, quienes dejan de ser absorbidos por otros y sus directrices, para irradiar la luz que esconden sus dedos. Existen labios que pronuncian sueños,  almas que luchan por ideales: que no se conforman, que sudan rebeldía, que conocen la empatia y luchan; a pesar de las derrotas. Existen quienes, aún hoy, deciden seguir siendo para no dejar de ser.
Almas que todavía tienen fe, que todavía creen y persisten, que aman y se dejan llevar. Almas que no se venden al mejor postor y son fieles a su autenticidad aunque caminen a manos de la soledad. Almas que traspiran vida.