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jueves, 2 de octubre de 2014

Mi dulce anarquía...



Porque a veces se me olvida que retozarme entre mis guiones resulta mucho más entretenido. Se me olvida que tengo montañas de palabras amontonadas en cada uno de los rincones de mi subconsciente, y que últimamente, no le hago demasiado caso. Se me olvida que estoy hecha de cafeína, porque sino dejo de existir a eso de las 9:30h; justo cuando ese hombre, llamado jefe, se pasea entre gritos al ras de mi mesa. Ese momento en el que tengo que tener cuidado de que me vea atenta al ordenador, con la mirada fija: impenetrable, casi congelada, muy Orwell...

Parece que da igual que yo haya nacido para pedalear entre bares, o ciudades infinitas; fiel reflejo de la dulzura de Carroll. Da igual que mi personalidad exija un mínimo de libertad al día para saltar entre  utopías y crear. Porque siempre estoy inventando, siempre vuelo por encima de la racionalidad, y  claro, si no tecleo, si no escribo... ¡Muero! Y con ello todas y cada uno de mis quimeras . Aunque sea como ahora, para comenzar en nada y terminar aún peor. Pero es que esto es mi medicina: es mi salvavidas ante este mundo loco de reclusión de la vida, de ahogo de la creatividad a manos del consumo, de asfixia de lo único.

Mis letras, las letras. La música que hace tiempo que solo oigo y no escucho, las fotografías que últimamente solo veo y no observo y mis mundos.
Que siempre fui una maldita nube de cafeína y sentimiento (cafeína porque sino de tanto soñar me duermo). Un huracán que necesita descargar delirios a su manera, aunque sea entre tinta, música o posando entre girasoles, fiel a mi dulce anarquía.

1 comentario:

  1. Lo que eres es guapa, guapa y guapa! Por dentro y por fuera.

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