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lunes, 16 de junio de 2014



Tardes inesperadas empapan la resaca de nuevas aficiones. Tan adictivas que aplazan brazos escritos con historias para otro momento, por qué ahora la historia la escribiré yo con todo aquéllo que me haga dar vueltas en el Nirvana. El billar se convierte en nuevo divertimento con posturas que mimetizan la elegancia de Paul Newman en El buscavidas, y me divierto, y me lleno de competitividad mientras compartimos cervezas y sonrisas. Después cerraremos los ojos con el sonido de The Black Mud y quizás se nos pondrá la piel de gallina, porque somos muy dados a vibrar con los pequeños detalles. 
Muy encantada de haber perdido a manos de mi maestro y haber pospuesto citas que seguramente no me hubiesen hecho retorcerme a carcajadas.

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