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sábado, 14 de junio de 2014


Resulta que al final es una romántica. Una romántica de esas que discurren en contra de las mareas, a la que le gusta que la veleta enloquezca. La romántica rara, incluso difícil, que vive a galope:, salvaje, libre, pero a pesar de todo ello, una romántica. La demente que si se enamora se quita el corazón para servirlo en plato al que ha conseguido robárselo. Pasa poco, pero cuando le sucede, atente a las consecuencias, porque nunca te querrán igual. Puede que no la comprendas, que no entiendas hacía donde sopla el viento que le da alas, que desconfíes de la mirada que te regala el universo. Pero cuando no tengas ese amor, serás más consciente que nunca de que te quisieron con uñas y dientes, con absoluta devoción y que tú, y solo tú, tuviste todo eso para ti. A borbotones, a toneladas, mientras veías oscuridad al ras del infinito. 

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