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sábado, 10 de mayo de 2014

Si tuviera que describirte supongo que sería con sinónimos de todo aquello que me resulta irreconocible. Supongo que sentí que te conocía y de ahí la tormenta; pensé que bailábamos el mismo vals, aunque fuese descompasados. De verdad te vi empapado en harina a mi lado; probando a cocinar cualquier maldita receta desconocida, juntos. Juro que  imaginé el olor a gasolina en mil puertos distintos: con el frío y el calor como testigo; tú y yo como pasajeros. Pensé que la verías a ella, la octogenaria más maravillosa del mundo, y te diría "mi amor, ni se te ocurra quitarte ese pendiente, porque cuando ella te vea sonreír  pensará que no existe un hombre más maravilloso con el que pueda compartir mi vida"

Imaginé que te despertabas mientras yo escribía a oscuras (sabes bien que cuido los detalles y creí que mi mayor detalle eras tú) y al despertar, te acercabas a mi, como cada noche, me besabas y follábamos como solo nosotros podríamos hacerlo (sabes que nunca volverá a ser igual; yo también lo sé).

También me vi regañando a tu lado pero sin poder estar más de media hora lejos el uno del otro; cediendo uno de los dos cada vez, porque pensé que nuestro puto amor era lo suficientemente fiel para venderse al orgullo. Creí que la droga que nos unía era pura, lo suficiente para querer que fuese eterna. Lo suficiente para que me echarás de menos cada nuevo día y de nuevo al cerrar los ojos; tanto que te negases a tenerme lejos. Pero no fue así, y a pesar de que todavía la fragilidad se cuele por mi ventana y en momentos como hoy y me obligue a pensar que no pudo desvanecerse así... La realidad es que aquella noche hacía mucho frío y hoy el calor comienza a teñir mi piel; que el tiempo devora mis ilusiones y me atiborra de desengaño. La verdad es que todas mis idealizaciones a tu lado eran una puta mentira.

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