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viernes, 2 de mayo de 2014


Bailaba Jazz y Blues cuando estaba triste, decía que era la única música que podía bailar cuando se emborracha de dramatismo existencial. Se movía así: con la suavidad y erotismo con el que haces el amor en noches de insomnio, elevaba uno de los brazos mientras lo hacía descender despacio, con movimientos ondulatorios;  movía las caderas con la elegancia con la que piden guerra las bailarina de un cabaret, con ese poderoso swing que ganaba adeptos en garitos de la capital; donde se olvidaba del mundo colgada de un ron al son de su sensualidad. Allí donde se dejaba llevar por el amor a la juventud efímera que le encantaba zamparse a dos manos; aunque de vez en cuando su mirada echará de menos abrazos rotos. Pero ella jamás se rendía a la tristeza, y cogía aire, profundamente, para después evadirse de las decepciones entre risas y contorsiones infinitas, mientras se follaba la noche con el corazón en la mano derecha y la cabeza en su sitio, porque le pasaba con todas sus pasiones igual: entregando el corazón aunque se pierda por el camino. Pero la vida es demasiado corta para no vivir con pasión ¡Y que le jodan al resto! Que le jodan a lo racional, a los caparazones y las pompas de cristal que te protegen de todo hasta de la bendita locura sentimental. Que todas las maravillas tienen su sabor agridulce y es eso lo que las hace especiales; si luego hay que sufrir pues entonces que sea ahora que como dijo el genio Gabo "Aprovecha ahora que eres joven para sufrir todo lo que puedas, que estas cosas no duran toda la vida"

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