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viernes, 30 de mayo de 2014


Solo ella me lanzaría a la piscina de unos brazos tatuados con la ilusión del mañana no existe. Solo ella te recuerda que eres una Princesa y como tal no esperas en los andenes, en absoluto, te subes a los trenes. Te subes y sientes el viento mientras vuelcas tu cuerpo al ras de la ventanilla. 
Solo ella te pregunta con misma ilusión con la que tu has decidido colgar los zapatos y salir a sentirte de nuevo como una jodida divinidad, aunque sea durante unas horas, pero puedes. 
Solo ella valoraría con esa sensibilidad Madrid un Jueves, tus nervios y ese contoneo de caderas mientras subes las escaleras por delante de él, siempre delante. La sensualidad que tanto ahogue en lágrimas de Viernes se debe desprender solo a través de  brindis rosado. Ella me recuerda que me merezco que me miren como si siempre no fuese suficiente, aunque sea al limite de una sola noche. Ella consigue con pocas palabras que me sienta esa mujer capaz de marcar cada paso con la seguridad y elegancia de un felino, tanto que casi puedo palpar, todavía, su emoción escondida entre tanta masculinidad.
 La sensibilidad de una princesa que es capaz de sentir la rotación de la tierra, ella que entiende a la perfección la recreación de mis sueños, ella que comparte mis nervios y la jodida atracción que nos provoca el vivir en esta noria al borde del abismo y en la que la vida no cabe si no existen vaivenes y mucha ilusión.
Ella es uno de mis tesoros eternos, sin duda alguna.
Mi princesa del Rock & Roll

sábado, 24 de mayo de 2014


El muro de fortaleza que construí a base de sueños y de una dignidad casi heroica sufre ciertos temblores. La enfermedad del miedo, causante de mil guerras lucha por quebrar sus paredes. Ni siquiera los libros que tanto adoro, la música que tanto amo consigue dar consuelo a un corazón cansado de darse a todo, cansado de dar bocanadas de oxigeno que no le corresponden. Sin embargo, a veces me sorprende tanta fortaleza tirando de tanta fragilidad. Me sorprende y me enorgullezco, porque no me rindo y persisto aunque a veces la tiranía de la tristeza me mantenga, como en este caso, una semana en otros mundos. Pero mantengo las esperanzas construidas a base de castillos en el aire, aunque solo yo crea en ellos, pero me vale. Me vale y los peleo como si de ellos dependiese mis latidos, al fin de al cabo es verdad, son ellos los que no me convierten en un ente más entre tanto rebaño.

martes, 20 de mayo de 2014


No me sienta bien desayunar nostalgia; nostalgia de ti o puede que sea de mis sueños. Me suele pasar cuando preparo café caliente que no puede beberse deprisa, que requiere mimo y degustación lenta; café preparado con el amor a los pequeños detalles.

Me siento tan perdida que casi no escucho el eco de mis palabras. Tan perdida que a veces creo que lo mejor sería perderse de verdad, tan lejos: Praga, Paris o algún pueblecito de Irlanda quizás. Allí estarías a tantos kilómetros que tu risa dejaría de resonar en mi cabeza como la puta tortura que ha terminado resultando. Allí, tan lejos, jamás esperaría el blanco nuclear de un coche aparcado en la puerta; no esperaría ni siquiera la llamada de tu recuerdo porque tendría la escusa fabricada a golpe de distancia. Dejaría de esperar  nada de quien me lo quito todo. Allí caminaría descalza entre la hierva seca; no volvería a sanar los golpes para tropezar de nuevo con puntiagudos cristales, reabriendo la herida que parecía sanada. Allí la decepción no mataría mis pasos.

Has asesinado mis mariposas y ahora yacen muertas en mi vientre, dime como me quito tanto dolor. Dímelo tú, se ve que a ti no te duele; tú que pareces vacío por dentro.

sábado, 10 de mayo de 2014

Si tuviera que describirte supongo que sería con sinónimos de todo aquello que me resulta irreconocible. Supongo que sentí que te conocía y de ahí la tormenta; pensé que bailábamos el mismo vals, aunque fuese descompasados. De verdad te vi empapado en harina a mi lado; probando a cocinar cualquier maldita receta desconocida, juntos. Juro que  imaginé el olor a gasolina en mil puertos distintos: con el frío y el calor como testigo; tú y yo como pasajeros. Pensé que la verías a ella, la octogenaria más maravillosa del mundo, y te diría "mi amor, ni se te ocurra quitarte ese pendiente, porque cuando ella te vea sonreír  pensará que no existe un hombre más maravilloso con el que pueda compartir mi vida"

Imaginé que te despertabas mientras yo escribía a oscuras (sabes bien que cuido los detalles y creí que mi mayor detalle eras tú) y al despertar, te acercabas a mi, como cada noche, me besabas y follábamos como solo nosotros podríamos hacerlo (sabes que nunca volverá a ser igual; yo también lo sé).

También me vi regañando a tu lado pero sin poder estar más de media hora lejos el uno del otro; cediendo uno de los dos cada vez, porque pensé que nuestro puto amor era lo suficientemente fiel para venderse al orgullo. Creí que la droga que nos unía era pura, lo suficiente para querer que fuese eterna. Lo suficiente para que me echarás de menos cada nuevo día y de nuevo al cerrar los ojos; tanto que te negases a tenerme lejos. Pero no fue así, y a pesar de que todavía la fragilidad se cuele por mi ventana y en momentos como hoy y me obligue a pensar que no pudo desvanecerse así... La realidad es que aquella noche hacía mucho frío y hoy el calor comienza a teñir mi piel; que el tiempo devora mis ilusiones y me atiborra de desengaño. La verdad es que todas mis idealizaciones a tu lado eran una puta mentira.

viernes, 2 de mayo de 2014


Bailaba Jazz y Blues cuando estaba triste, decía que era la única música que podía bailar cuando se emborracha de dramatismo existencial. Se movía así: con la suavidad y erotismo con el que haces el amor en noches de insomnio, elevaba uno de los brazos mientras lo hacía descender despacio, con movimientos ondulatorios;  movía las caderas con la elegancia con la que piden guerra las bailarina de un cabaret, con ese poderoso swing que ganaba adeptos en garitos de la capital; donde se olvidaba del mundo colgada de un ron al son de su sensualidad. Allí donde se dejaba llevar por el amor a la juventud efímera que le encantaba zamparse a dos manos; aunque de vez en cuando su mirada echará de menos abrazos rotos. Pero ella jamás se rendía a la tristeza, y cogía aire, profundamente, para después evadirse de las decepciones entre risas y contorsiones infinitas, mientras se follaba la noche con el corazón en la mano derecha y la cabeza en su sitio, porque le pasaba con todas sus pasiones igual: entregando el corazón aunque se pierda por el camino. Pero la vida es demasiado corta para no vivir con pasión ¡Y que le jodan al resto! Que le jodan a lo racional, a los caparazones y las pompas de cristal que te protegen de todo hasta de la bendita locura sentimental. Que todas las maravillas tienen su sabor agridulce y es eso lo que las hace especiales; si luego hay que sufrir pues entonces que sea ahora que como dijo el genio Gabo "Aprovecha ahora que eres joven para sufrir todo lo que puedas, que estas cosas no duran toda la vida"