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domingo, 23 de marzo de 2014

Dulcinea.


Se esconde tras versos en tinta blanca. La decepción cohíbe las palabras las respuestas descifradas en sonambulismo forzados y depresiones fundidas en lágrimas de Viernes. Ceguera creada en sonrisas y promesas de humo que solo enardecen su sensibilidad y adictiva locura.
El Rojo de los acordes le hace coger impulso en noches inesperadas; a golpe del tintineo de una guitarra que resulta imperceptible en miradas y silencios lascivos. Entonces la libertad  se inyecta en sangre para regalar el amor propio que había olvidado. La pasión escrita en sus genes, a golpe de bucles que oscilan entre la seguridad femenina y la ingenuidad: los dotes de quienes manejan con maestría danzas seguras y poses que despiertan debilidades ajenas. Qué fuerte podrías ser y que débil te tornas cuando algún valiente consigue calar aquel corazón. 
Maldita dulzura la tuya incluso cuando te enamoras y pierdas casi el control de tus pucheros caprichosos. El yin y yang ondulante entre ángel y fuego que despiertan obsesión y locura; o eso le mencionaron una vez. Pero Dulcinea a veces se olvida de lo que es capaz y quizás ese sea el secreto, quizás ese sea su terrible encanto.
 Shhhhhhhhh..........


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