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jueves, 26 de septiembre de 2013

Somo etapas; la mía está entre la desesperación y la asfixia. Estar rodeada y sentirte sola, sola en la empatía de un abrazo a tiempo. El abrazo a las palabras que viven reprimidas dentro de mi. Locuaces interpretes de mis deseos y mis miedos, de aquello que me duele y provoca el serpenteo de mi caminar; un caminar a trizas, un galope indefinido.


Ni siquiera ahora, ahora que estoy cerca de terminar aquello que me ha torturado durante años descanso. Sigo al limite, suplicando bocanadas de oxigeno. Para colmo echo tanto de menos un café en condiciones. Un café endulzado con un dialogo sin horas donde escuchar al que tienes en frente sea lo más importante. Escuchar y sentir que aunque parezca una odisea te entienden y son capaces de sacarte de la oscuridad con solo una mirada.

Necesito que necesiten mi maldita locura, que quieran exprimirla, que sin comprenderla quieran emborracharse de ella y contagiarme a mi misma de otra locura parecida. Exprimir las ganas de vivir de aquel que ha sabido apreciar mi dulce demencia. ¡Vivir joder!

Porque amo a los locos que viven deprisa y a los que viven despacio pero no se cansan. Amo las ansias, la sensibilidad de las personas que se emocionan con el tono rosado del cielo, los que cierran los ojos con una canción y gritan ¡Joder que PUTA MARAVILLA! (sí, me gustan los tacos si son necesarios). Amo quien queda hipnotizado con un cuadro y se imagina al pintor y el jodido instante. Los que saborean las páginas de un libro, los que viven cada segundo con una intensidad que asusta. Amo a quien llora con el dolor ajeno, al que es capaz de ponerse en el pellejo de los demás. Amo al revolucionario que lucha por aquello en lo que cree y construye el camino de su utopía. Amo las maletas y al que toma la iniciativa por sus sueños. Amo al que hace de cada pisada una aventura, aunque este maquillada con un toque personal casi imaginario. Amo al que vive y deja vivir.

Las circunstancias de cada uno son diferentes y lo normal no existe, y si existe a mi me aburre, porque odio los patrones señores, los odio porque amo la esencia. Así de simple.


sábado, 14 de septiembre de 2013



Se miraba la punta de los zapatos, mientras el dulce tintineo de una lluvia prematura le avisaba de que debía volver a casa si no quería llegar empapada, pero le daba igual. Hoy no le apetecía en absoluto acatar más ordenes y se quedo de pie mientras la lluvia ganaba en intensidad. Seguía con la mirada fija en sus masculinos oxford y con los pensamientos revoloteando en mil experiencias y pensamientos de lo más variopintos, sorprendiéndose de nuevo a si misma no solo de su portentosa imaginación sino también de la capacidad de hacerse daño. No era su mejor día; había mil cosas que le quemaban por dentro y cuando todo se juntaba se volvía incapaz de controlar ese torrente de dolor que le hacia arder las entrañas, lo peor no era el dolor, lo peor era el miedo. Cuando renacía esa sensación, ella comenzaba a encogerse. Notaba como perdía centímetros a una velocidad cercana a la de la luz, y de repente era una mota de polvo en los 5 metros que antes pisaba con seguridad. En apenas un instante se había convertido en la mota más torpe e insegura en 35 kilómetros a la redonda, ¡qué digo! probablemente ahora era la mota más invisible de la humanidad. Odiaba cuando pasaba, pero se veía incapaz de controlarlo. En el fondo era consciente; ella podía ser la peor de sus propias enemigas.

domingo, 8 de septiembre de 2013





Él la miraba con absoluta adoración; como quien es consciente de la luz especial que irradia el objeto de su deseo. En todas y cada una de las fotografía queda el reflejo de su mirada. Esa mirada que se te clava como un rayo y se transforma en un descarga eléctrica que te paraliza, que te eriza la piel, que hace que desees por un momento ser esa Birkin para causar tanto desasosiego. Dejamos de saborear la esencia para volvernos exigentes y torpes, relajamos la lucha y dejamos de regalar los pequeños detalles para finalmente hacer gala de aquella letra de Fito: "Te perdí por pensar que te tenía".

Disfrutar el momento y convertirlo en eterno.