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domingo, 7 de abril de 2013




-No pude evitarlo y fui a verla
-¿A Laura? Ya sabes como son estas cosas... Hace solo unas semanas que lo dejasteis. Es complicado.
-En realidad no... A Laura no...
-Macho se claro. No te entiendo.
-A pesar de mi relación con Laura, de todo el tiempo que estuvimos juntos, a pesar de todo eso, después de todo esto solo echaba de menos a una persona, ¿te acuerdas de Carlota?
-¿¿¿Carlota??? Pero si hace varios años de lo de Carlota. ¿Qué paso?
-Después del trabajo aparque cerca de su casa y espere, espere a verla pasar, lo deseaba con todas mis ganas...
-Pero... ¿No la llamaste?
-No pude, como podía después de tanto tiempo escribirla. Soy consciente del daño que le hice...
-¿Entonces?
-Entonces espere. Creo que pasaron dos horas hasta que por fin la vi.
No sabría decirte lo que sentí al verla, caminaba segura y estaba tan guapa...  Más que antes. Casi se me para el corazón al balanceo de sus caderas. Llevaba un vestido vaporoso que explotaba fielmente la perfección de sus curvas, esas curvas. Jamás he sentido tanto placer como el que sentí al conducir entre sus piernas...
Sigue con la manía de hace años, sus manos enredándose en el pelo, mientras ella lo marea de un lado a otro. Si ella supiese cuánto eche de menos todas sus manías; esas que tanto le repetí que no hiciese dominado por mi absurdas ganas de perfección.
Era un felino entre sabanas blancas, el contoneo de un cuerpo desnudo jamás me había parecido tan elegante hasta que la conocí. Era una mezcla entre ángel y demonio. Tenía esa terrible dulzura que te hipnotiza y ese volcán endemoniado que te ata para siempre. ¿Y su risa? ¡Oh maldita sea! Te juro que puedo escucharla.
Su sensibilidad era de otro mundo, recuerdo como colocaba sus finas manos sobre mis ojos a la voz de Thom Yorke y esa maldita obra maestra Creep. Decía que así saborearía cada nota sin distracciones, como se tiene que hacer con las delicatessen... Lo peor es que llevaba razón.
Recuerdo como se perdía entre las líneas de esos escritores bohemios que tanto admiraba, la vehemencia con la que me recitaba las líneas, podía sentir hasta celos. Celos de unos escritores que estaban bajo tierra, celos de ese director que tanto amaba, de la pasión que sentía por su humor sarcástico e inteligente, del torrente de risas que le provocaba. Celos de los músicos que le erizaba la piel. Celos de que otro le pudiese remover la pasión que solo quería para mí, a borbotones, hasta estallar de absoluta devoción.
Juntos eramos dos locos incapaces de mantener el control a todos los niveles.
Nunca la olvidé sabes... Era imposible hacerlo, además nunca quise. Hubiese sido demasiado imbécil. Solo maquille su recuerdo.
-¿Y?¿qué paso?
-No paso nada... No tuve el valor de acercarme a ella, no pude decirle nada... Quizás por miedo, quizás ella ya haya hecho su vida. Le sobraban siempre hombres a su alrededor y yo fui tan idiota de dejarla ir... Fui tan...
-¿Sabes? Te envidio. En dos minutos has conseguido que te envidie como jamás lo he hecho. Nunca he sentido eso; esa pasión, esa locura, ese deseo. No siempre se encuentra a la persona que te haga vibrar de esa manera. Aprovecha la ocasión y no la dejes escapar. Corre a buscarla imbécil. ¡Corre!



3 comentarios:

  1. Gracias preciosa. A mi me emociona que tú te emociones al leerlo ;). Es tan gratificante...

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