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jueves, 7 de marzo de 2013


Me desvelo. El móvil marca las 5:30 de la mañana, debo descansar; pero una avalancha de ideas, de líneas salvajes se agolpan en mi cabeza. Me quedo dormida con ese torrente de imaginación masturbando mis sentidos, convencida de que al día siguiente seré capaz de recordarlo; sin embargo a la tranquilidad de un nuevo amanecer, se esfuman como la pólvora.

Juro que la próxima vez me dará igual cualquier tipo de obligación, no es bueno darle la espalda a la inspiración. El cabreo le dura varios días y luego le echo demasiado de menos.

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