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domingo, 24 de marzo de 2013



Madrid a las 3:00 de la mañana. Demasiados recuerdos entre los escondites de cualquier garito de Malasaña. Allí donde experimentábamos el placer de nuestras miradas cargadas de un libido contagioso, orgiástico. Incrementos de adrenalina drogados al son de  "Lucy in the sky with Diamonds";  embrujados por una alucinación aun mayor ante el ritmo psicodélico del rock y nuestros latidos. La yema de tus dedos jugando con el borde de mi camiseta, a medio camino del huracán de mi sexualidad. Deseosa de retarte a una guerra de gemidos histriónicos, infatigables. El tequila solo daba más libertad a nuestros deseos, al serpenteo de tu cuerpo en busca de mis ganas.

Y allí me encuentro, en las escaleras de un portal que sostiene con paciencia mi soledad y mis recuerdos; atiborrándome de nostalgia mientras jugueteo con las hebillas de mis sucias botas. Soñando que mi recuerdo te acerque un sábado por la noche a ese lugar recóndito de Madrid. Agazapada entre las miradas de aquellos que no tienes reparos en lanzarme las flechas de cupido con el fin de llevarme a la cama; no saben que sueño con tu regreso, que un polvo con ellos sería una parafernalia por tu recuerdo, por mitigar la pena por no tenerte, por esperar que el calor de otros brazos atenué este dolor.

Hace frío,  pero te espero, porque en el fondo Madrid no es tan grande. Porque todo merecería la pena si la casualidad nos la jugase de una puta vez a nuestro favor, y fuese capaz de averiguar en tu mirada que te mueres de ganas por morderme los labios, por perderte en el olor de mi piel. Porque quizás hayas seguido los pasos de algo que nos une y va más allá de lo racional.

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