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miércoles, 30 de enero de 2013



Aún se recuerda allí, expuesta a la peor de las condiciones metereológicas. Mirando entre lágrimas la punta de unos zapatos incapaces de resguardar sus pies del frío, mientras el corazón late de forma desbocada. Luchando por sobrevivir a un anhelo que le araña con ansia desmedida su frágil respiración. Confía en que aparezca de nuevo tras el cristal, confía tanto en su historia que sigue allí, sin miedo al frío, inmune a la lluvia, valiente, terca, impasible. Aquella hora resultó una eternidad, esa maldita hora que ella le regalo a su esperanza para robársela a su dignidad.
Lloró su huida, la lloró tanto que se quedo esperando migajas de una respuesta, miseros restos del amor más fugaz y violento de su ínfima existencia. Respuestas a su engaño. Respuestas que fuesen capaces de salvarla de su peor agonía,  que reviviesen o aniquilasen de una puta vez sus esperanzas. Respuestas que le concediesen, por una vez, el valor que ella se merecía e hiciesen emerger ese corazón, que con crueldad, había sido enterrado en la oscuridad mas injusta y en el olvido más lacerante.

-Ya llegará el instante en que tú serás yo y yo seré tú.- Se dice a si misma mientras, por primera vez después de mucho tiempo, se mira con deleite frente al espejo. -Siempre es así.

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