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sábado, 29 de diciembre de 2012


Un buen libro, un café cargado o quizás un té, una pluma sobre la que abandonar mi subconsciente y escribir sin pensar, solo dejándome llevar por el trazo suave de mis pensamientos sobre el papel. Es una de mis innumerables adicciones, pero especialmente hoy tengo más mono que nunca, y sin embargo, tengo que estar aquí  frente al ordenador, mordiéndome las uñas por no poder disfrutar de pequeños fragmentos que endulzan el día. Aturullada con unos apuntes de una asignatura que me hace cavilar a cerca del delirio que hizo que eligiese esta carrera tan ajena a mi. Lo suficientemente terca para no rendirme, lo suficientemente fuerte para abandonarme a mis vicios. Una carrera de este calibre requiere todo el tiempo del mundo y más, pero necesito ser feliz al menos una vez al día. 
Me convenzo a mi misma de que solo queda un pequeño impulso, que estoy cerca del final, que seguramente este suicidio a la tranquilidad me guiará hacia algo que me apasione cada día, aunque parezca dispar, aunque parezca imposible. 
Hundiré de nuevo mi cabeza entre esos apuntes lejanos a mis sueños. Todo sea por poder engullirme de verdad en ellos lo antes posible. 

Las cosas especiales no necesitan bautizo para ganar importancia, tampoco necesitan celebraciones con las que demostrarlo, no lo necesitan porque no lo necesitamos para darle la relevancia que ya tiene. Eres más que una linda aventura, pero jamás serás un contrato. Los contratos siempre llevan letra pequeña para dejar cosas a medio decir.
Eres mi primer café del día, el perfume con el que empaparía mis sábanas cada noche, te cuelas entre mis sueños a menudo y ocupas mi mente mientras estoy lucida, y sin embargo, no hay nombres. Para que, no los necesitamos. Los nombres tienden a crear responsabilidades que no tendrían porque serlo, para nosotros no existe más responsabilidad que la de hacer trampas con el tiempo para vernos antes, que la de perdernos en una mirada mientras estamos juntos, la responsabilidad de una naturalidad que nace de la combustión de nuestra esencia.

domingo, 23 de diciembre de 2012


En ocasiones pensé que era complicado hacerme feliz. Hice análisis sobre mis rarezas y llegué a sentirme culpable. Alguna vez me reprocharon que pedía mucho demasiado deprisa. Lloré y me interrogue a mi misma en mil ocasiones. Las noches eran testigo de los laberintos de un subconsciente que luchaba por comprender su actitud. 

Dicen que el tiempo da y quita la razón. Por mi parte lo ha hecho. Me ha regalado las respuestas que necesitaba, me ha arrancado cualquier ápice de culpa y me acaricia con su existencia. Si me quejaba o estaba triste, si reclamaba atención era porque la necesitaba, porque sabía que eso tenía que nacer de la espontaneidad. Básicamente intuía que detrás de ese film había demasiados secretos de los que no fui ni seré consciente nunca, pero me alegra saber que no era yo. 
Hoy no necesito chillar atenciones, ni me agarro a una tristeza que desconozco producto de la falta de respuestas. Le miro y sé que no hay engaños, le siento cerca cuando le necesito sin ningún tipo de esfuerzo. Natural, espontaneo, un curioso flujo de energía, nuestra energía. 

viernes, 14 de diciembre de 2012


Me encantaba la sensación de llegar a Punta Umbría  El olor a playa que comenzaba a abrirse paso entre mis sensaciones más ansiadas del año. Aquel camino repleto de arboles y de escaso tráfico que me desvelaba que el regreso estaba cerca. El momento de aparcar y verlos a todos allí, esperando con esas ganas infinitas. Ese abrazo donde conseguían anular ligeramente mi joven respiración. Mi "tío" Francisco alzándome al cielo, en uno de esos movimientos bruscos que tanto me gustaban, ese cosquilleo que tantas carcajadas me provocaba. Ese pueblecito de casitas pequeñas y humildes, donde las puertas no se cerraban por si el vecino necesitaba pasar. Ese arte andaluz y el sabor a sardinas, a pescado fresco. El amor tan puro que unía a mi padre y a él. Si valoro la amistad es gracias a que ellos me enseñaron.

Las circunstancias de la vida provocaron que durante muchos años no se repitiese ese pequeño y deseoso viaje del año. Sin embargo siempre supe de las ansias de mi padre por volver con él, por disfrutar de esas tardes en las que ambos desaparecían para saciarse de la amistad que los unía. 

El año anterior al último, no pudo ir mi padre, no estaba en casa con nosotras. Mi madre decidió que iríamos las tres. Siempre guarde un estima especial por mi "tío",  supongo que admiraba esa alegría con la que vivía cada instante, al menos hasta donde yo podía ser consciente, al menos hasta donde nos dejaba ser consciente. Imagino que las malas caras, producto del dolor, las guardaba en sus contados encuentros con la soledad. Supongo que le aterraba que le viésemos mal.

¿Cómo no le iba a admirar? Admiraba su lucha y su buen humor a pesar de la enfermedad. Admiraba su arte, su gracia, sus ganas de no parar de hacer cosas. Admiraba sus ansias de vivir, ese espíritu contagioso que me enseño a sonreír ante las dificultades, ante el mundo. De él aprendí que es delito no sentir cada instante con esa supremacía inaudita. De él aprendí que un nuevo día enmascara las malas sensaciones de un día malo, que un nuevo despertar es un regalo que no debe despreciarse. De él aprendí a ser quien soy,  pero aquella tarde termino por ganarse una gran parte de mi corazón, que latera fuerte siempre que le recuerde. Yo estaba entre mis mundos, dibujando, escribiendo, imaginando mil historias. Entonces él se acerco a mi, alumbro mi timidez y se fijo en aquello que estaba haciendo. Después me dio uno de esos abrazos que solo sabía dar él y me dijo algo que recuerdo como si fuera ayer, a pesar de que solo era una niña. Así, en voz bajita para que no me sonrojase "Mi niña nunca dejes de hacer estas cosas que tanto te gustan, sé que puedes lograr tus sueños, sé que puedes llegar muy lejos, confío plenamente en ti. Tienes esa sensibilidad que te hará lograrlo."

Me dijo las palabras mágicas en un momento importante de mi vida. Curiosamente yo podía navegar en mis mundos, pero nadie se había fijado nunca de lo importante que eran para mi. Nadie se había percatado antes de cuanto necesitaba ese apoyo, solo él. Olvide durante años el verdadero significado de esas palabras, el miedo volvió a atraparme en las redes del fracaso, del pánico a no gustar, sin darme cuenta de que no podía gustarle a todo el mundo, y termine por hacer cosas que a la única que no le gustaban eran a mi, pero provocaba rápida admiración en el resto. 

Hoy tengo esas palabras mas clavadas que nunca, y te recuerdo aunque ya no estés. Te admiro más que antes porque he descubierto la peculiaridad de una personalidad admirable. Soy más consciente que nunca de que escasea esa capacidad de vivir y de apoyar a soñar.

Os echo de menos a todos y echo de menos esas noches en el chiringuito de aquella playa, con una guitarra de fondo y una sensación absoluta de felicidad.

Siempre vivirás en mis recuerdos. Lo conseguiré por ti.

domingo, 9 de diciembre de 2012


Creía que estaba contenta pero ayer me confirmaste que es una puñetera delicia, así, a lo bestia. Paseamos por Madrid, y el tráfico provoco que aparcásemos más tarde de lo que imaginábamos, sin embargo tu contagiosa paciencia te hacía sonreír como si nada.
Pasear a tu lado, disfrutar de Madrid embobada  con cada detalle y que tú me sonrías como orgulloso. En ningún momento me pones directrices, te gusto así,  distraída con las luces, con los escaparates, perdida en mis sueños. Te gusto así, emocionándome y pidiendo ayuda para los demás y sufriendo porque no puedo hacer nada.
Tu actitud bromista ante el mundo en general, disfrutando como dos críos sin ningún tipo de regla ni protocolo que no nos deje disfrutar ni ser nosotros mismos. Cenar a tu lado, rodeado de un mundo que nos sobra mientras nos comemos a besos con cada bocado. Ese nudo en el estomago al mirarte. Tanta perfección que duele.




martes, 4 de diciembre de 2012

Vale sí, lo reconozco, me haces arder, me enloqueces, y te empiezas a colar en mi sueños.
Vale sí, puede que tus características no tachen los muchos requisitos que creía, podían descongelar un corazón gélido, y sin embargo, consigues que me pierda en tu sonrisa. Puede que no me sorprendas con  un análisis intenso sobre economía, puede que no te interese la teoría de la relatividad, pero eres capaz de escuchar con paciencia mis mil inquietudes. Sé que solo tú podrías admirar con atención mi pasión absoluta por aquel libro que ha vuelto a robarme el corazón. Porque deseas aprender tanto como yo. Sé que a tú lado podré aprender mil curiosidades, porque no te amoldas a la monotonía, porque no te vale con caminar y ya, no, tú deseas saborear el viaje.

Sólo tu relajarías con paciencia mis arranques justicieros, o mi llanto escandaloso por que no entiendo una maldita actitud que debería darme igual. Admiro tu ansía por aprender, tu inquietud. Te admiro porque la inteligencia no se viste solo con conocimientos, eso es otra cosa, no menos importante, pero tampoco única. La inteligencia es lo que tú tienes. Esa capacidad de escuchar y después debatir tras haberte puesto primero en el pellejo de aquel que te habla. Inteligencia es tu capacidad de ver el mundo a 360 grados. Inteligencia es tu facilidad para analizar el mundo desde otros zapatos.

Esa capacidad de sentir desde lejos que te necesito y consolarme con un abrazo, sin maquillar, sin segundas intenciones. Ese don para regalarme una seguridad suprema.

Te encontraste un cuerpo vacío, repleto de heridas, machacado. Un cuerpo frío que, en lo que al  amor se refiere, actuaba únicamente por instintos, diversión y capricho. Mi tarea era enardecer mi ego tras una mirada inocente y una sonrisa picara, ellos se iban contentos creyendo que me habían engañado, pero sólo yo era capaz de controlar mi situación y la suya. Y entonces llegaste tú. 
Te conocí hace siete años pero por lo que fuere no podía cuajar en ese momento. Este verano el voluble azar nos hizo quedar. Era de esas situaciones que creía no pasarían jamás y supiste como llevar la situación para llegar a mi, poco a poco. 

Has conseguido ilusionarme, has conseguido que me pierda en tu mirada, has conseguido que me apetezca bajar de mi nube y  puede que me hayas devuelto una porción de un corazón abandonado. Ahora no me cuestiono porque lo hicieron trizas sin compasión, ahora solo me apetece atarme al cinturón de tu espalda y manejar espacio tiempo en un segundo, a tu lado.