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jueves, 29 de noviembre de 2012


Aletargada, con un ojo abierto y el otro en proceso, repaso la redes sociales sin levantarme todavía de la cama (beneficios o no de las nuevas tecnologías). Como casi siempre nada que consiga cautivarme, hasta que aparece una foto subida por él. Una de esas personas con la que te une cierta pasión por aprender, por la lectura, por la cultura en general. No tengo claro si podría llamarle amigo, pero sé que podríamos llegar a ser inseparables porque ambos nos emocionamos con ese tipo de conversaciones fuera de lo convencional.
Se trata de una foto del manifiesto surrealista de Breton a la que añade unas líneas del mismo "Querida imaginación, lo que más valoro de ti es que no perdonas". Enseguida me muero de ganas de buscar ese manifiesto, de leerlo, de abastecer mi curiosidad, y gracias a las nuevas tecnologías me permito el lujo de hacerlo desde mi mullida cama, ahora con los dos ojos abiertos como platos. Empiezo a leer tranquila y mi pasión crece por segundos. Tengo que parar, me convenzo, me obligo. Mañana tengo una reunión importante, debo estudiar. ¡Maldita carrera insulsa! Me robas el tiempo para aquello que más amo.
Lo añado a esa lista con prisas que encabeza Nietzsche, me muerdo las uñas. ¡Qué ganas! Y que ganas también de un café con Ruben y si se añade Al ya puede ser pura droga para los sentidos. Eruditos edulcorados con una sensibilidad abismal, que hacen de una tarde cualquiera una fiesta sin precedentes.
Qué suerte la mía de poder contar con ellos en esta sociedad superflua.
Buena mañana de Jueves.

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