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domingo, 28 de octubre de 2012

Incapaces de controlar instintos salvajes. La castidad resultaba indomable a escasos metros de su casa, donde la química los atrapaba en contorsiones deseosas de guerra. Todo daba igual. Nada era más importante que tatuarse a besos y arañazos, que colgarse el uno del otro secuestrados por una adicción sin limites.
¡ Házmelo!- gritaba- ¡Házmelo!.

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