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miércoles, 8 de agosto de 2012


Sus manos huelen a él, cierra los ojos mientras sorprendida respira su aroma.
Siente miedo y se estremece con un terror que acobarda pero a la vez hace vibrar. Nunca le gustó la linealidad, le apasiona vivir en una montaña rusa, sentir que esta viva aunque el pavor asfixie sus vísceras dejándola sin aliento, arrancando sus estímulos. 
La escena del día anterior carecía de romanticismo sin embargo fue él quién consiguió embellecer el acontecimiento con absoluta delicadeza, galantería y generosidad dotando al instante de cierto caché de especial. 
Ella vibraba de absoluto frenesí entre sus brazos, se colgaba de su piel arañando cada poro con locura incondicional y se abandonaba a él, salvaje, absorta, rendida ante su presencia. Él la miraba con encanto desmedido, de una forma transparente que solo provocaba que ella ganase en confianza y tranquilidad. Y sucumbió a sus ansias mientras un huracán de sensaciones se apodero de ambos para culminar en una lluvia de gemidos que dotaban de más placer si cabe al momento.
La miraba después, esperando a que ella fuese capaz de recuperar un cuerpo ahogado en mil sensaciones. Cuidándola con devoción y cariño, acariciando su cuerpo desnudo, protegiéndola de cualquier pensamiento malicioso. Admirando el acto de pasión vivido hacía unos minutos, enardeciendo sus egos y aplastando por un segundo cualquier migaja de miedo.

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