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domingo, 12 de agosto de 2012


No dejó de cuidarla ni un solo segundo, de tratarla de forma única, de idolatrar sus movimientos y ensalzar su belleza. Que ella disfrutase era el principio y fin de cada nuevo acto de pasión, verla disfrutar era para él todo un deleite y después cubrirla en un baño de besos y caricias con el que calmar esos movimientos gatunos que le hacían enloquecer.

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