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martes, 26 de junio de 2012

"Una Gifford no me trajo otra cosa que dolor y angustia. La deseaba, la necesitaba, no podía vivir sin ella, No decía ni sí ni no, por la sencilla razón de que yo no tenía valor para preguntárselo. Pronto iba a cumplir dieciséis años y todavía estábamos los dos en la escuela: hasta el año siguiente no íbamos a acabar.¿Cómo puede una chica de tu edad, a la que te limitas a saludar con la cabeza o a mirar, ser la mujer sin la cual la vida es imposible? ¿ Cómo puedes soñar con el matrimonio antes de cruzar el umbral de la vida? Pero, si me hubiera fugado entonces con ella y hubiéramos tenido diez hijos, habría hecho bien, muy bien. ¿Qué importaba que me convirtiera en algo totalmente distinto, que me hundiese hasta el último peldaño?¿Qué importaba que significaba vejez prematura? Tenía una necesidad de ella que nunca quedo satisfecha y esa necesidad era como una herida que creció hasta convertirse en un agujero sin fondo. A medida que pasaba la vida, a medida que se intensificaba aquella necesidad desesperada, arrojé todo en el agujero y lo destruí."

Sexus

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