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domingo, 3 de junio de 2012

Pensar que te marchas me rompe en dos. Tambalea una mitad de mi yo. Una mitad que ha crecido contigo, que ha compartido charlas eternas, que ha llorado a tu lado. Has conocido todas y cada una de mis historias de amor, una un poco más tarde, pero fueron las circunstancias, no supe como hacerlo, fui cobarde, pero tú también. Me has consolado y has luchado conmigo. Me has creado fuerzas de la nada y has creído en mi cuando el mundo entero me veía incapaz. Has aguantado mis desahogos ante las desilusiones de personas que pasaron por mi vida. Hemos sido pareja durante cuatro años y hemos logrado volver a ser amigos después, a pesar del daño que nos hicimos sin quererlo. Pero fuimos capaces de abandonar una relación que queríamos por evitar rompernos mutuamente. Mejor dejar de amarnos a odiarnos para siempre. Hace poco me dijiste que ahora me entendías, que comprendías lo mal que me lo hiciste pasar a veces. Esa chica te hizo sentir como tu me hiciste sentir a mi. Pero da igual Al, eso no importa, sé porque te sucedía, y sé que has cambiado. Sigues siendo genial, me divierten tus bromas absurdas y repetitivas, tus batidos de proteínas de los que me río tanto, me encantan las charlas trascendentales y tus análisis de personalidad. Odio tus bromas a cerca del maldito fútbol sin embargo me encanta como aprovechas la ocasión para jugar con los niños desconocidos que dejan escapar el balón. Me emboba tu inteligencia y tus conversaciones infinitas. 
Sinceramente no me imagino tan lejos de ti, tu amistad, que haré sin ella. Estoy destrozada, últimamente la gente que quiero se va, desaparecen o se alejan. Pero sé que esto solo fortalecerá una amistad inmortal. Estaremos lejos pero no separados. Estaré siempre ahí, no lo olvides nunca.

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