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martes, 12 de junio de 2012


Llego agotada de un examen y tengo que ponerme a repasar otra asignatura imposible. Decido dormir un rato, mi cerebro necesita un respiro. Consigo conciliar el sueño apenas media hora y entonces me despierta Tobias, acaba de subir de la calle, ha saltado a la cama y me ha comido a besos hasta que ha conseguido que abra los ojos. Me levanto con una sonrisa. Así da gusto enfrentarse a una noche noctámbula. Le tendría que haber llamado Felicidad. 

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