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domingo, 13 de mayo de 2012



Reincidieron como reinciden los locos que viven al día, que no se conforman con las reglas de una sociedad que mutila segundos de vida. Ella se acariciaba con un torso caliente ardiendo en un deseo esperado, se encogía cual gata en celo entre sus brazos. Él la miraba con lascivia, como si entre sus brazos tuviese el mejor de los tesoros, un ángel que ensanchaba su ego al nivel de un adonis.
Y desaparecía después como lo hace la delicadeza a la que le han cortado las alas, como lo hace quien tiene el corazón envuelto en la más gélido de las corazas. Se vestía con esos movimientos suaves y repletos de una elegancia innata mientras la mirada de su amante buscaba con ahínco cada recodo de espacio sin ropa. 
Y la sutileza explosiva desaparecía con descaro y una mirada cargada de libido que dejaba a la victima ansiosa de deseo. 
-Hasta la próxima- dijo- aunque no creo que exista.
Y sonreía con esa picardía que hacia enloquecer.

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