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lunes, 12 de marzo de 2012

Ya no existirá una dedicatoria de palabras salpicadas de cariño, ni un simple gracias por los segundos compartidos. No existirá un te quiero, ni un intente quererte. No existirá un guiño confidente ni una mirada cargada de libido. Algún fatídico día me verás y agacharás la cabeza o te cambiarás de sitio en la biblioteca, como ya sucedió una vez. Acelerarás el paso, huirás de esta loca que creía que había zarandeado el mundo agazapada entre tus brazos. Cerraste capítulo tan fácilmente que aun me sorprende tu huida. 
Hasta hace una semana tenía esperanzas puestas en ese "amor" en el que siempre creí. Hubiese apostado a que aparecerías de nuevo, aunque fuese solo por una despedida en condiciones, era lo mínimo que se merecía esta insensata a la que le gusta balancearse entre sus miedos. Materializaba ese momento. Creía ciegamente en el regreso.
Hoy estoy convencida de que no sucederá. Hoy ya tengo las respuestas a mis perseverantes cavilaciones. Hoy entiendo que puse esperanzas en ideales que creía materializados en ti.
No existió regreso, ni existirá. No todo el mundo es capaz de nadar a contracorriente. Solo los valientes se atreven a enfrentarse a las olas y solo las olas le permiten al temerario surfero que baile recogido entre su oleaje, disfrutando de una sensación intensa no apta para principiantes.

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