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domingo, 20 de noviembre de 2011

Jueves eternos



Allí se encontraba ella, sentada en compañía de aquel café. Su mirada fija en ningún destino, a su derecha un bolso desidiosamente colocado y sus finos dedos rozando un libro cuyo título me resultaba complicado averiguar.
Sus labios de un rojo carmín y simetría perfecta tenuemente sellados.
Me mira , ve que la observo y tímidamente baja la mirada.
Me embriaga su perfume mientras jugueteo con la cucharilla y los posos del café ya inexistente .
Mientras, ella se ha perdido tras las páginas de aquel libro, y admiro con descaro su atractiva belleza, me fijo en su elegancia intemporal y su estilo natural y sin embargo impecable.
Escucho su deliciosa voz tras llegar una confidente con la que charla amistosamente, y me deleito con su conversación, abastecida de pequeñas treguas intelectuales, diferentes, especiales y pienso que es la mujer de mi vida y que ya no podría vivir sin ella, que daría todo cuanto tengo por una mancha de su carmín en mis labios, me imagino dibujando sus senos a la luz de una vela , enredándome en su pelo y sospecho que sin quererlo ya la amo.

Ella se levanta y deja unas monedas al ras del moca, fijo mi mirada en el reloj de pared de aquella cafetería y asombrado me doy cuenta de que han sido las 3 horas mas fugaces de toda mi vida.

Su silueta repleta de curvas se aleja con rapidez y ya no la distingo entre la multitud, me invade una tristeza desconocida....

Desde aquella tarde, la espero en el mismo bar, tras el mismo descafeinado como cualquier Jueves, matando la angustia por no verla con un malboro entre mis dedos, cegándome tras el humo espeso de varios cigarrillos..... Pero siempre regreso a casa sin su tentador perfume masturbando mis sentidos, siempre regreso a casa borracho de amor y como todos los Jueves desde ese día, lloro por haber perdido mi vista entre la aglomeración, lloro por haberla perdido sin haberla tenido nunca

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